PRIMERO DE MAYO
Recuerdo bien el comienzo “oficial” de la crisis: 2008. Fue el último año en el que tomé activamente parte en la negociación del convenio de mi sector, que veinte años antes, en 1988, nos había costado una huelga indefinida que duró más de 40 días. El convenio de 2008 se firmó en 2009, pero con la crisis como argumento para aplicar recortes, no tardó mucho en quedar en suspenso: se aplicaron recortes salariales y nos negaron otros derechos; la negativa de uno de los que yo había exigido, y cuyo ejercicio no pudo negarme la empresa, me llegó por burofax, justo dos días después de haber comenzado las vacaciones. Después han sido necesarias muchas movilizaciones y muchos días y semanas de huelga para volver a la casilla de salida, pero con una pérdida notable de poder adquisitivo.
Para quienes peleamos durante el conflicto (en el último, en el de hace 32 años y en los intermedios) la propia lucha ha sido siempre el antídoto para no caer en el desánimo absoluto y en el pesimismo inhabilitante. Creo que una de las virtudes de la lucha es que, en medio del posible pesimismo, ayuda a no ver la derrota como algo inevitable.
Pienso en esto en este Primero de Mayo, el primero que vivo encerrado en casa después de decenas de años celebrándolo en alegres manifestaciones con multitud de personas amigas y compañeras del sindicato. Lo celebramos con otro formato, en el que Internet y las redes sociales nos ¿permiten? estar en contacto. Pero no es lo mismo; no podemos sentir la sorpresa del saludo, la alegría del abrazo, la energía del grito y objetivo compartidos.
No hemos gritado en grupo, pero los objetivos compartidos nos tienen que seguir dando energía, y el compartir los valores que el secretario general de mi sindicato ha recordado en su discurso telemático: solidaridad, igualdad, compromiso de lucha y pertenencia a una clase, la clase trabajadora.
Pero, ¿podemos ser optimistas? Cada vez que yo lo soy el tiempo hace que acabe pensando que aquel optimismo de antes no fue más que un deseo ingenuo. Puede parecerme, por ejemplo, que esta crisis del Covid-19 podría servir para dar un respiro al planeta, y para que se acabe tomando en serio la necesidad de abordar con energía el problema del cambio climático; que también podría servir para valorar lo público por encima de uno de los valores fundamentales del neoliberalismo, la propiedad privada, y como su corolario, la privatización de lo público; que además podría servir para acabar con la desigualdad, porque ante una pandemia o nos ocupamos de todas las personas y en todo el mundo o no queda nadie a salvo… Pero no; se adapta mejor quien más medios tiene, y hoy por hoy creo que la ideología dominante es la de la versión neoliberal del capitalismo, y este quien tiene los medios. En la crisis de la que decían que estábamos saliendo ya se ha demostrado que, o cambiamos de modelo o la riqueza se seguirá acumulando en pocas manos, cada vez en menos, y lo que se repartirá entre el resto serán los recortes, la pobreza y la miseria.
Entonces, ¿es utópico pensar que la igualdad será posible en un mundo solidario? Si es utópico solo dejará de serlo cuando la hoy ideología hegemónica, que pone en el centro los valores de la propiedad privada, del capitalismo extractivo y del libre mercado, deje de ser hegemónica. Mientras seguirá siendo utópico.
¿Cómo conseguir que la hoy ideología hegemónica deje de serlo? Minando los medios de los que se vale o dotándonos de otros similares a nuestro favor (nosotros, nosotras=clase trabajadora). Uno de esos medios es la información y su control. Creo que aquí estamos en franca desventaja.
Hoy la actualidad no dura nada; si no accedes a la noticia en cuanto se produce (en cuanto alguien la produce) ya no tienes muchas oportunidades de acceder o interactuar con ella. Las redes sociales y la mensajería móvil son los canales más habituales de información. Detrás de ellos y las aplicaciones que los posibilitan hay intereses económicos descomunales, y no pagan apenas impuestos. Como dice Chomski en una entrevista(1)“la mayor parte de su negocio va a parar a donde probablemente han puesto una oficina del tamaño de mi estudio, en Irlanda, para pagar pocos impuestos en un paraíso fiscal”.
La información nos llega en grandes cantidades de pequeñas píldoras y, como las píldoras medicinales, estas también tienen efectos secundarios; creo que el más grave es que provocan desinformación y desmemoria. Quizás la mejor manera de mantenernos desinformados es haciéndonos llegar grandes cantidades de información, con apariencia de inmediatez para que nos sintamos poseedores de la primicia; con la posibilidad de interactuar con un like o un comentario que no va a producir ningún efecto si no es en nuestra autocomplacencia. Se trata de un tipo de información como la que se ha extendido durante la pandemia del Covid-19, que en palabras de Ignacio Ramonet se trata de “una tormenta perfecta de noticias tóxicas”(2).
Para subvertir la hegemonía informativa del modelo económico imperante no hay más remedio que esforzarse. También es Ignacio Ramonet a quien he leído y escuchado que informarse cuesta esfuerzo. La información que como clase necesitamos existe y está al alcance. No son píldoras, pero no son píldoras lo que necesitamos. Necesitamos estar informados porque necesitamos estar preparados para que esta crisis que estamos viviendo no sea de nuevo aprovechada con éxito por quienes no pondrán nunca en el centro la vida digna para cada persona que habita este mundo, porque eso supondría la ruina de sus intereses.
Voy a apuntar aquí varias referencias, no para aconsejarlas, porque dar consejos a quien no los pide tiene algo de soberbia; las apunto para no olvidarlas. Todas son gigantescas si las comparamos con un tuit de 280 caracteres.
La primera, para tener una visión completa sobre la pandemia, sus causas, su desarrollo, su gestión y sus posibles consecuencias: el largo artículo de Ignacio Ramonet “La pandemia y el sistema-mundo”(3).
La segunda “La doctina del shock”, de Naomi Klein. Se publicó en 2007, es decir, antes de la “crisis de 2008”; sin embargo, la doctrina del shock que describe se volvió a aplicar para introducir impopulares medidas de choque económico, que han vuelto a hacer más ricos a los ricos y hacer a la clase trabajadora más explotada y más pobre. Se trata de una lección necesaria para que no nos vuelvan a aturdir mientras hacen más segura y fuerte la explotación.
La tercera referencia es “Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945” de Josep Fontana, publicado en 2011. Hace un exhaustivo recorrido por la historia del mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el 2011 y deja en evidencia la involución “…que dejó campo abierto a la codicia de las clases dirigentes, favoreció la oleada especulativa que condujo a la crisis económica de 2008…”.
Al principio he comentado una lucha que he conocido de cerca, modesta para quien no la vivió, pero cansada para quienes continuamente estuvimos en ella. Pero hay que seguir con el compromiso de lucha, porque la lucha será el antídoto contra el pesimismo y el desánimo.
¡VIVA EL UNO DE MAYO!
GORA MAIATZAREN LEHENA!
GORA LANGILERIA!
GORA LANGILEEN BORROKA!
(1) Rebelión.org. 24/04/2020
(2) Ramonet, I. (25/04/2020). La pandemia y el sistema-mundo. Le Monde Diplomatique.
Una
amplia valoración de Ignacio Ramonet sobre la actual situación mundial,
publicado en simultáneo por las ediciones de España, Argentina y Chile de Le
Monde Diplomatique, Cubadebate, La Jornada (México), NODAL (Argentina) y
‘Mémoire des luttes’.
(3)Ramonet, I. (25/04/2020). La pandemia y el sistema-mundo. Le Monde Diplomatique.

No hay comentarios:
Publicar un comentario