COVID 19. DIARIO DE UN ENCIERRO
Comencé esta especie de diario el 20 de marzo de 2020, cuando ya llevábamos una semana confinados. No escribiré todos los días. Lo que deseo es no hacerlo demasiadas veces, y dejar de hacerlo porque hemos vencido la pandemia y el encierro forzoso se ha terminado. Entonces tendremos mucho que hacer, muchas cosas que solucionar...Y mucho que reivindicar, porque los intereses de los menos se seguirán queriendo imponer por encima de los de la mayoría
martes, 19 de mayo de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (17)
19-05-2020
QUE NO NOS TOMEN POR IMBÉCILES
Cuando el único y muy débil atisbo de confianza hacia quienes nos gobiernan se reducía a pensar que no es posible que siempre mientan, el día 17 escuché al Lehendakari pedir al presidente del Estado que limitase la “utilización pública” de la información relacionada con la pandemia, que diariamente se estaba dando. Según el Lehendakari la mayoría de los ciudadanos o no la sabemos interpretar o la utilizamos de manera interesada. Quizás la información nos haga peligrosos, por eso nos informan como lo hacen a través de los medios que controlan.
La mentira descarada es más soportable que la media verdad o la mentira muy disfrazada de verdad. Cuando has dado credibilidad a las medias verdades o a las mentiras disfrazadas, descubrir el engaño enfada mucho, enfada por el propio engaño y porque te tomaron por imbécil.
Desde que el tsunami del Covid-19 nos atrapó sentí cierta empatía hacia quienes nos gobiernan, aun siendo opciones políticas que nunca apoyaría. Nos atropelló una crisis repentina que exigía respuestas inmediatas, decididas y, en buena medida, impopulares. Gestionar la crisis sería una tarea difícil, dura e ingrata; y además habría que hacerlo con la seguridad de que a la salida de la misma las condiciones sociales, laborales y económicas serán mucho peores. No creo que pueda ser atrayente para nadie tener que enfrentarse a algo así. Pienso que cierta sensibilidad hacia quienes, desde su responsabilidad de gobierno, tienen que bregar con algo así no es excepcional.
Ante una crisis pandémica como la que sufrimos no se puede sino desear que quienes han asumido la responsabilidad de gobernar acierten en las decisiones que tomen; que la coordinación entre todas las instituciones concernidas sea la más ágil y productiva posible; que se reconozca el esfuerzo colectivo de toda la ciudadanía por el valor que en sí mismo tiene y porque ese reconocimiento es necesario, pero también para que la ciudadanía se sienta motivada para realizar ese esfuerzo; que se dé la colaboración sincera, cordial y responsable de todas las organizaciones y agentes sociales que puedan aportar en el tratamiento más inmediato de la crisis… No creo que quien pone la vida en el centro y la desea digna para todas las personas que habitamos este mundo, pueda ser radicalmente ajeno a este tipo de deseos.
Pero es difícil mantener la empatía que mencionaba al principio cuando ves que esta enorme conmoción se utiliza, desde los primeros momentos, para apuntalar instituciones innecesarias o ampliamente contestadas; cuando el ámbito de decisión política teóricamente más cercano se anula, y se deja en suspenso eso que llaman autonomía y algunos quieren hacer pasar por autogobierno; cuando compruebas que la complicidad entre quienes gobiernan pasa por una negociación en la que se exigen favores mutuos que condicionan las medidas que acaban tomando, adaptadas más al interés partidista que a la solución de la pandemia sanitaria (“cogobernanza” llaman ahora a este modo de gobernar).
Ese sentimiento inicial se sigue mermando a diario cuando en cada sobremesa te asomas al noticiario de televisión más seguido de tu país, y siempre te topas con propaganda en lugar de comunicación; cuando las medidas del gobierno sobre desescalada ya publificadas no coinciden con las definitivamente publicadas, y después los criterios de aplicación se siguen modificando; cuando te venden el avance en las fases de desescalada como algo arrancado al gobierno central por la sola y única presión del gobierno de tu comunidad, aunque solo se haya tratado de un intercambio de favores partidistas, y de que la demanda no fue ni tan original ni tan exclusiva.
Y la poca empatía que pueda quedar acaba desapareciendo cuando visualizas el descaro con el que tu gobierno más “cercano” se desdice de decisiones tomadas, pone toda la culpa de su equivocada decisión en el gobierno central y responsabiliza a la ciudadanía del posible (¿también probable?) retroceso en la lucha contra la pandemia. Un ejemplo, aunque no el único, es todo lo que ha ocurrido y está ocurriendo con relación a la vuelta a la actividad educativa presencial.
Y por fin nos comunican oficialmente algo en lo que, al menos en parte, se han debido centrar las negociaciones entre los gobiernos autonómico y central sobre las fases de desescalada: habrá elecciones el 12 de julio. Un tema en el que se mezclan todo tipo de modos de engaño; es decir, la mentira descarada, la media verdad y la mentira muy disfrazada de verdad. El día 14 de mayo el Lehendakari dijo no saber aún cuando iba a convocar elecciones. Según su portavoz ni siquiera tenía preferencias entre las posibles fechas de julio ni entre ese mes u otro posible. Sin embargo, el mismo día la consejera de Salud firmó una orden para poder pasar de la “emergencia sanitaria” a la de “vigilancia sanitaria”; y el viceconsejero otra que en su resolución venía a decir lo mismo. Ahora el gobierno de Gasteiz da por terminada la emergencia sanitaria (condición necesaria para celebrar elecciones según resolución de marzo del propio gobierno), pero seguimos en estado de alarma.
Por este estado de alarma yo no puedo reunirme con gran parte de mi familia; aunque viven a pocos kilómetros al norte o al sur de mi residencia, lo hacen en un territorio histórico diferente. ¿Es para evitar que las elecciones convocadas se tengan que volver a suspender si nos contagiamos en reuniones familiares? ¿Qué importa más, la seguridad sanitaria o las elecciones?
Uno de los argumentos más repetidos por el partido del Lehendakari es que necesitamos un gobierno fuerte para salir de la crisis. Dicen también que “necesitamos un Parlamento fuerte que pueda elaborar unos presupuestos acordes al momento, y realizar las reformas necesarias”. Realizar las reformas necesarias; esto da más miedo que el Covid-19. En la campaña electoral, que quieren corta porque la suya ya la hacen a diario en EITB, ¿van a explicar, CON DETALLE, qué tipo de presupuestos van a hacer? Y, sobre todo, ¿de dónde sacarán los ingresos? ¿Explicarán CON CLARIDAD qué reformas piensan realizar si obtienen la mayoría? ¿Volverán a los recortes salariales y sociales como en la última crisis económica?
Quieren estar solos para aplicar las recetas que ya saben aplicar. Recetas de sus allegados de CONFEBASK. Recetas neoliberales que no pueden camuflar con un discurso que quieren que parezca social. Recetas que pasan por reducir impuestos a los beneficios empresariales. Recetas como las que propondrían esos capitalistas que Ortuzar dice que no hay en su partido. Para salir de esta crisis se necesita dinero. ¿Cambiarán la política fiscal? ¿Aumentarán los impuestos a las rentas altas, a las empresas y al capital?
De nosotros depende que no tengan razón cuando nos toman por imbéciles.
domingo, 10 de mayo de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (16)
10-05-2020
¿CARPE DIEM?
Hace nueve días que no pasaba por aquí. Hace seis un amigo me envió un enlace para que leyese un artículo de Miguel Salas titulado “1º de mayo. La vida y los derechos”. Lo leí, aunque con cierta prisa, y dejé al alcance de la vista el enlace de la publicación para leerlo con más atención. Lo he vuelto a leer hoy, lejos ya de la oportunidad del momento al que hace referencia en su título, y lejos de la inmediatez de la publicación. Pero el mensaje no se hace viejo.
En el primer párrafo formula las razones para haberse manifestado el 1º de mayo; creo que seguirán siendo las mismas por las que la clase trabajadora tendremos que seguir resistiendo y manifestándonos en el futuro más cercano, “por el negro futuro inmediato que se avecina, (…) para exigir medidas que salven vidas y protejan las condiciones de quienes menos tienen”.
Después repasa lo que ocurrió con manifestaciones que se habían comunicado para el 1º de mayo. Las delegaciones del Gobierno las prohibieron; hubo recursos; el Tribunal Constitucional “aprovechó la coyuntura para emitir una resolución en la que volvía a retorcer su particular interpretación de los derechos y libertades”. Y no dejó que trabajadores y trabajadoras “aprovechasen su día”.
El sistema funcionó: el poder ejecutivo decidió prohibir manifestaciones cuyos convocantes garantizaban la distancia y la seguridad de las personas manifestantes, muchas de las cuales se han desplazado diariamente a puestos de trabajo donde no se les ha garantizado la seguridad que en las manifestaciones iba a haber. Las organizaciones convocantes recurrieron. Y el Tribunal Constitucional prohibió y dejó claro cuál es su jerarquización de los derechos y libertades. ¿Sirven para algo los recursos, si no es para dar apariencia de seguridad jurídica, una seguridad imposible de esperar de tribunales politizados y clasistas?
Miguel Salas alerta también sobre la posibilidad de que en el próximo futuro se impida el derecho a la protesta. El terreno parece estar abonado para ello, Como Salas dice en un artículo anterior (al que he llegado a partir del que me envió mi amigo): “Las epidemias, plagas y pandemias tienen un componente de irrealidad, de algo incontrolable que es capaz de causar la muerte y producir desastres como los que estamos viviendo. Es un terreno fértil para el cultivo, consciente o inconsciente, de miedos que pueden ser utilizados para limitar derechos y libertades. Son demasiados los ejemplos para comprender que los riesgos son reales”.
Los indicios de que el terreno ya está abonado están ahí. Los podemos comparar con el coronavirus: los síntomas pueden atribuirse a una infección gripal controlable o a una grave infección por Covid-19; para una estábamos preparados, para la otra no. Las señales de que el terreno está abonado para limitar derechos y libertades se vieron desde el comienzo del confinamiento: centralización, presencia (innecesaria) del ejército en las calles, actuaciones policiales arbitrarias y represivas, actuación soberbia de gobiernos, utilización descarada de medios de comunicación públicos… Todos estos síntomas, ¿qué indican? ¿Son los propios de una infección autoritaria crónica, que soportamos con cierta naturalidad por estar acostumbrados a ella? ¿O son el inicio de una verdadera y más mortal enfermedad de autoritarismo, recentralización, desigualdad y desprecio a la mayoría, que, como el coronavirus, afecta más a quienes menos tienen?
Los síntomas están ahí. La respuesta tendría que ser enérgica e inmediata, sin esperar a la confirmación del peor diagnóstico posible. Como clase trabajadora (clases populares dicen ahora) tenemos que aprovechar continuamente el presente para luchar contra el mañana que nos quieren imponer. Aprovechar el presente puede ser mantenerse en una movilización continuada.
Llevamos casi dos meses de confinamiento, un encierro que nos aleja a unas personas de otras, y que al mismo tiempo puede hacer que nos pongamos en contacto más a menudo con amigos y conocidos a través de las redes informáticas y aplicaciones de mensajería. Estos son también los medios que más utilizamos para informarnos; el consumo de información por esos medios ha crecido más del 50%, pero eso no quiere decir que la información que nos llega es un 50% más fiable. Diría que en algunos medios utilizados como fuente de información por muchísimas personas (EITB, por ejemplo) la falta de fiabilidad ha aumentado exponencialmente.
Aunque sea repetitivo vuelvo otra vez hoy al tema de la información. En el modo más extendido de comunicación actual (píldoras “informativas” en las redes sociales, titulares, inmediatez y, casi siempre, superfialidad), parece haberse impuesto el concepto carpe diem, en el sentido de vivir el momento sin pensar en el futuro. Es, quizás, lo que la frase original quería transmitir: “Carpe diem, quam minimim credula postero” (aprovecha el día de hoy; confía lo menos posible en el mañana).
Pero podríamos darle un sentido diferente: como clase trabajadora (clases populares dicen ahora) tenemos que aprovechar continuamente el presente para poder tener esperanzas en el mañana que queremos, el mañana más justo para todas las personas que habitamos este mundo. Aprovechar el presente puede ser mantenerse en una movilización continuada. Tras el shock de la crisis sanitaria no podemos confiar en el mañana que el neoliberalismo está ya imponiendo aprovechándose de la conmoción que nos ha sacudido, y en buena medida nos ha podido dejar asustados e inermes. No hay que esperar a que pase el tiempo para tomar conciencia; es necesario haberla tomado ya o tomarla de inmediato, porque ya sabemos de sobra que el neoliberalismo ha aprovechado cada conmoción para imponerse; cada crisis ha servido para que la desigualdad crezca y la pobreza la sufran cada vez más personas. La resistencia, la movilización y la lucha deben ser nuestro carpe diem de clase.
Y ya que al ejército se le ha dado un protagonismo vergonzante, podemos usar su lenguaje para que nuestra resistencia y lucha se entienda: estamos en pie de guerra, estamos en guerra.
viernes, 1 de mayo de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (15)
PRIMERO DE MAYO
Recuerdo bien el comienzo “oficial” de la crisis: 2008. Fue el último año en el que tomé activamente parte en la negociación del convenio de mi sector, que veinte años antes, en 1988, nos había costado una huelga indefinida que duró más de 40 días. El convenio de 2008 se firmó en 2009, pero con la crisis como argumento para aplicar recortes, no tardó mucho en quedar en suspenso: se aplicaron recortes salariales y nos negaron otros derechos; la negativa de uno de los que yo había exigido, y cuyo ejercicio no pudo negarme la empresa, me llegó por burofax, justo dos días después de haber comenzado las vacaciones. Después han sido necesarias muchas movilizaciones y muchos días y semanas de huelga para volver a la casilla de salida, pero con una pérdida notable de poder adquisitivo.
Para quienes peleamos durante el conflicto (en el último, en el de hace 32 años y en los intermedios) la propia lucha ha sido siempre el antídoto para no caer en el desánimo absoluto y en el pesimismo inhabilitante. Creo que una de las virtudes de la lucha es que, en medio del posible pesimismo, ayuda a no ver la derrota como algo inevitable.
Pienso en esto en este Primero de Mayo, el primero que vivo encerrado en casa después de decenas de años celebrándolo en alegres manifestaciones con multitud de personas amigas y compañeras del sindicato. Lo celebramos con otro formato, en el que Internet y las redes sociales nos ¿permiten? estar en contacto. Pero no es lo mismo; no podemos sentir la sorpresa del saludo, la alegría del abrazo, la energía del grito y objetivo compartidos.
No hemos gritado en grupo, pero los objetivos compartidos nos tienen que seguir dando energía, y el compartir los valores que el secretario general de mi sindicato ha recordado en su discurso telemático: solidaridad, igualdad, compromiso de lucha y pertenencia a una clase, la clase trabajadora.
Pero, ¿podemos ser optimistas? Cada vez que yo lo soy el tiempo hace que acabe pensando que aquel optimismo de antes no fue más que un deseo ingenuo. Puede parecerme, por ejemplo, que esta crisis del Covid-19 podría servir para dar un respiro al planeta, y para que se acabe tomando en serio la necesidad de abordar con energía el problema del cambio climático; que también podría servir para valorar lo público por encima de uno de los valores fundamentales del neoliberalismo, la propiedad privada, y como su corolario, la privatización de lo público; que además podría servir para acabar con la desigualdad, porque ante una pandemia o nos ocupamos de todas las personas y en todo el mundo o no queda nadie a salvo… Pero no; se adapta mejor quien más medios tiene, y hoy por hoy creo que la ideología dominante es la de la versión neoliberal del capitalismo, y este quien tiene los medios. En la crisis de la que decían que estábamos saliendo ya se ha demostrado que, o cambiamos de modelo o la riqueza se seguirá acumulando en pocas manos, cada vez en menos, y lo que se repartirá entre el resto serán los recortes, la pobreza y la miseria.
Entonces, ¿es utópico pensar que la igualdad será posible en un mundo solidario? Si es utópico solo dejará de serlo cuando la hoy ideología hegemónica, que pone en el centro los valores de la propiedad privada, del capitalismo extractivo y del libre mercado, deje de ser hegemónica. Mientras seguirá siendo utópico.
¿Cómo conseguir que la hoy ideología hegemónica deje de serlo? Minando los medios de los que se vale o dotándonos de otros similares a nuestro favor (nosotros, nosotras=clase trabajadora). Uno de esos medios es la información y su control. Creo que aquí estamos en franca desventaja.
Hoy la actualidad no dura nada; si no accedes a la noticia en cuanto se produce (en cuanto alguien la produce) ya no tienes muchas oportunidades de acceder o interactuar con ella. Las redes sociales y la mensajería móvil son los canales más habituales de información. Detrás de ellos y las aplicaciones que los posibilitan hay intereses económicos descomunales, y no pagan apenas impuestos. Como dice Chomski en una entrevista(1)“la mayor parte de su negocio va a parar a donde probablemente han puesto una oficina del tamaño de mi estudio, en Irlanda, para pagar pocos impuestos en un paraíso fiscal”.
La información nos llega en grandes cantidades de pequeñas píldoras y, como las píldoras medicinales, estas también tienen efectos secundarios; creo que el más grave es que provocan desinformación y desmemoria. Quizás la mejor manera de mantenernos desinformados es haciéndonos llegar grandes cantidades de información, con apariencia de inmediatez para que nos sintamos poseedores de la primicia; con la posibilidad de interactuar con un like o un comentario que no va a producir ningún efecto si no es en nuestra autocomplacencia. Se trata de un tipo de información como la que se ha extendido durante la pandemia del Covid-19, que en palabras de Ignacio Ramonet se trata de “una tormenta perfecta de noticias tóxicas”(2).
Para subvertir la hegemonía informativa del modelo económico imperante no hay más remedio que esforzarse. También es Ignacio Ramonet a quien he leído y escuchado que informarse cuesta esfuerzo. La información que como clase necesitamos existe y está al alcance. No son píldoras, pero no son píldoras lo que necesitamos. Necesitamos estar informados porque necesitamos estar preparados para que esta crisis que estamos viviendo no sea de nuevo aprovechada con éxito por quienes no pondrán nunca en el centro la vida digna para cada persona que habita este mundo, porque eso supondría la ruina de sus intereses.
Voy a apuntar aquí varias referencias, no para aconsejarlas, porque dar consejos a quien no los pide tiene algo de soberbia; las apunto para no olvidarlas. Todas son gigantescas si las comparamos con un tuit de 280 caracteres.
La primera, para tener una visión completa sobre la pandemia, sus causas, su desarrollo, su gestión y sus posibles consecuencias: el largo artículo de Ignacio Ramonet “La pandemia y el sistema-mundo”(3).
La segunda “La doctina del shock”, de Naomi Klein. Se publicó en 2007, es decir, antes de la “crisis de 2008”; sin embargo, la doctrina del shock que describe se volvió a aplicar para introducir impopulares medidas de choque económico, que han vuelto a hacer más ricos a los ricos y hacer a la clase trabajadora más explotada y más pobre. Se trata de una lección necesaria para que no nos vuelvan a aturdir mientras hacen más segura y fuerte la explotación.
La tercera referencia es “Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945” de Josep Fontana, publicado en 2011. Hace un exhaustivo recorrido por la historia del mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el 2011 y deja en evidencia la involución “…que dejó campo abierto a la codicia de las clases dirigentes, favoreció la oleada especulativa que condujo a la crisis económica de 2008…”.
Al principio he comentado una lucha que he conocido de cerca, modesta para quien no la vivió, pero cansada para quienes continuamente estuvimos en ella. Pero hay que seguir con el compromiso de lucha, porque la lucha será el antídoto contra el pesimismo y el desánimo.
¡VIVA EL UNO DE MAYO!
GORA MAIATZAREN LEHENA!
GORA LANGILERIA!
GORA LANGILEEN BORROKA!
(1) Rebelión.org. 24/04/2020
(2) Ramonet, I. (25/04/2020). La pandemia y el sistema-mundo. Le Monde Diplomatique.
Una
amplia valoración de Ignacio Ramonet sobre la actual situación mundial,
publicado en simultáneo por las ediciones de España, Argentina y Chile de Le
Monde Diplomatique, Cubadebate, La Jornada (México), NODAL (Argentina) y
‘Mémoire des luttes’.
(3)Ramonet, I. (25/04/2020). La pandemia y el sistema-mundo. Le Monde Diplomatique.
viernes, 24 de abril de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (14)
24-04-2020
ATENCIÓN A LAS PALABRAS DE TRABAJADORAS INVISIBLES
El diario BERRIA publica diariamente las opiniones, reflexiones o vivencias de cinco personas en un diario sobre EL COVID-19 titulado "Termometro". En él un agricultor, una enfermera de urgencias, un estudiante universitario, un conductor de autobús y un trabajadora doméstica son quienes dan la medida del COVID-19. Presto atención, sobre todo, a lo que dice la trabajadora domiciliaria. Las cuatro primeras personas tienen nombre, esta trabajadora no; quiere mantener el anonimato, y se entiende fácilmente por qué. En la primera entrada del diario (la de hoy es la XXVII) decía: "Somos invisibles, sí. Ya lo éramos antes, y más ahora con esta crisis. Yo misma, empleada de hogar, ¿dónde estoy?”
Las reflexiones de esta trabajadora domiciliaria en la entrada de hoy son las siguientes:
"Quienes vivimos en esta casa nos llamamos vecinos, aunque solo nos separe una sencilla pared de dormitorio. La dueña de la casa vino a verme el otro día para decirme algo que no es muy reciente: que en los ascensores han puesto, por lo visto, avisos para el personal de servicios sanitarios para que abandonen el bloque antes de contagiar a nadie. Los vecinos. Según la dueña, personal de supermercados han recibido mensajes similares; y que también han aparecido en ascensores avisos que señalaban a los que no salían a aplaudir a las ocho de la tarde. Me dejó perpleja. Quienes actúan así quieren gobernar el bloque, impidiéndonos al resto a gobernarnos en nuestra propia casa.
COVID-19. Corto en letras y números, pero lo que nos está saliendo de dentro es bien grande: los sentimientos más sublimes y el veneno más negro. La envidia, el egoísmo, el racismo, la esclavitud, el odio y la vanidad; atravesamos una calle llena de virus desde hace mucho tiempo. El miedo al coronavirus se impone hoy, pero el corazón puede ser un depósito de cosas mucho peores, y vivimos con ese veneno como vecino. Lo peor es que cada día nos han estado ofreciendo sonrisas hipócritas en la calle, en la tienda, en todas partes; y hasta ahora no nos hemos dado cuenta de esa clase de gente que teníamos al lado".
(He compartido este texto en euskera en mi cuenta de Facebook. No me resisto a hacerlo en este blog en castellano, aunque mi traducción del texto de BERRIA quizás traicione la literalidad del original)
El diario BERRIA publica diariamente las opiniones, reflexiones o vivencias de cinco personas en un diario sobre EL COVID-19 titulado "Termometro". En él un agricultor, una enfermera de urgencias, un estudiante universitario, un conductor de autobús y un trabajadora doméstica son quienes dan la medida del COVID-19. Presto atención, sobre todo, a lo que dice la trabajadora domiciliaria. Las cuatro primeras personas tienen nombre, esta trabajadora no; quiere mantener el anonimato, y se entiende fácilmente por qué. En la primera entrada del diario (la de hoy es la XXVII) decía: "Somos invisibles, sí. Ya lo éramos antes, y más ahora con esta crisis. Yo misma, empleada de hogar, ¿dónde estoy?”
Las reflexiones de esta trabajadora domiciliaria en la entrada de hoy son las siguientes:
"Quienes vivimos en esta casa nos llamamos vecinos, aunque solo nos separe una sencilla pared de dormitorio. La dueña de la casa vino a verme el otro día para decirme algo que no es muy reciente: que en los ascensores han puesto, por lo visto, avisos para el personal de servicios sanitarios para que abandonen el bloque antes de contagiar a nadie. Los vecinos. Según la dueña, personal de supermercados han recibido mensajes similares; y que también han aparecido en ascensores avisos que señalaban a los que no salían a aplaudir a las ocho de la tarde. Me dejó perpleja. Quienes actúan así quieren gobernar el bloque, impidiéndonos al resto a gobernarnos en nuestra propia casa.
COVID-19. Corto en letras y números, pero lo que nos está saliendo de dentro es bien grande: los sentimientos más sublimes y el veneno más negro. La envidia, el egoísmo, el racismo, la esclavitud, el odio y la vanidad; atravesamos una calle llena de virus desde hace mucho tiempo. El miedo al coronavirus se impone hoy, pero el corazón puede ser un depósito de cosas mucho peores, y vivimos con ese veneno como vecino. Lo peor es que cada día nos han estado ofreciendo sonrisas hipócritas en la calle, en la tienda, en todas partes; y hasta ahora no nos hemos dado cuenta de esa clase de gente que teníamos al lado".
viernes, 17 de abril de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (13)
17-04-2020
(La primera parte la comencé a escribir ayer por la mañana;
no terminé por lo que sucedió mientras lo hacía)
Una noticia llamó ayer por la mañana mi atención; el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco se reafirmaba sobre las medidas cautelares, que a petición del sindicato ELA, había requerido a Osakidetza hacía más de diez días para que proveyese a su plantilla del material de protección necesario. Semana y media más tarde, y al parecer después de oír todas las alegaciones posibles, El TSJPV vuelve a hacer el mismo requerimiento al servicio de salud vasco.
La noticia la leí en un medio que quizás para Jesús Loza (al que mencioné en este diario) no sea un medio serio, así que me fui a otro para contrastarla; y para confirmar todo fui al origen, a la página web de quien había presentado la “demanda de tutela de derechos fundamentales”. Creo que no me equivoco diciendo que el segundo medio a los que me refiero no es de los instalados en la confrontación como dice Koldo Mediavilla (PNV), ya que él escribe en el mismo (también le mencioné en este diario). El primero y el tercero, además, son de quienes defienden un cambio de modelo económico, razón por la que, para Koldo Mediavilla, no son de fiar.
Sin embargo, creo que el tratamiento de la noticia del medio “serio”[1] no es muy periodístico, no es imparcial. Prácticamente solo hace referencia a las alegaciones de Osakidetza; prácticamente les da el valor de prueba a su favor. Entonces, ¿por qué de nuevo el requerimiento?
“Estar informado exige esfuerzo”; más de una vez se lo he leído a Ignacio Ramonet, y en alguna ocasión he tenido el privilegio de escuchárselo personalmente. Me acordé de ello al mismo tiempo que pensaba: ¿Cómo de informado está quien lee esta noticia en ese medio serio que frecuenta Koldo Mediavilla?
Pero, aunque la mañana apenas había comenzado, abandoné aquellos pensamientos. Otra noticia que se acababa de producir atrajo mi atención: acababa de morir en accidente laboral un vecino de mi pueblo. A partir de entonces fueron otras las inquietudes y los sentimientos que ocuparon el día, lo siguen haciendo hoy, y lo seguirán haciendo en el futuro: rabia, impotencia, desprecio; deseos de gritar…
Rabia, porque otra vez ese modelo económico que a los instalados en la confrontación nos gustaría cambiar, se había cobrado una nueva vida, la de alguien de nuestra clase, la de una persona para la que no estaba destinado el beneficio que con su esfuerzo se producía.
Impotencia, porque después de muchos años y multitud de concentraciones, manifestaciones y huelgas para protestar contra esta lacra de la inseguridad laboral, se siguen produciendo accidentes graves y muertes. ¡Y NO PASA NADA!
Desprecio, por todas las personas que anteponen su beneficio y el de sus valedores al bienestar, la salud y la vida de trabajadoras y trabajadores. Desprecio por quienes nos desprecian con condescendencia.
Y ganas de gritar para desahogarme y no llegar al odio, porque creo que el odio y el rencor solo perjudican al que los siente. Si es justa la rabia, el odio y el rencor pueden inhabilitar para luchar con la serenidad suficiente contra la injusticia que la provoca, para luchar con el juicio e inteligencia necesarios que no condenen el combate a una derrota continuada, una derrota segura, aunque nunca definitiva.
¿Para qué pedir que las circunstancias se aclaren? ¿Para qué sirven las investigaciones que se ponen en marcha nada más producirse una muerte por accidente laboral? A menudo se traslada una supuesta solución a un horizonte impreciso, que más de una vez sirve para repartir responsabilidades entre quien sufre el accidente y quien tuvo la responsabilidad de garantizar las medidas de seguridad para que no se produjese.
Hay que denunciar con firmeza la desidia de quien teniendo la obligación de garantizar la salud y seguridad laboral da prioridad a los resultados económicos y a la productividad. Pero, ¿es suficiente? ¿No es ya hora de dar pasos mucho más decididos?
[1] Pongo el
enlace por si alguien quiere contrastar. También necesito
poner “serio” entre comillas, además de en cursiva, para que no se me entienda lo
que no quiero decir.
domingo, 12 de abril de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (12)
2020-04-12
La presión y la lucha dan resultados.
La presión y la lucha dan resultados.
El miércoles se publicó una orden en el BOPV prohibiendo la venta de productos agrarios en mercados y ferias. Ayer, sábado, Lakua tuvo que ceder a la presión y permitir la apertura de los mercados en los que nuestros productores más cercanos venden sus productos.
La orden de la Consejera de Salud establecía “la suspensión temporal de la actividad de los mercados y ferias tradicionales de venta directa de alimentos y productos agrícolas y ganaderos”. La arbitrariedad de la medida era tan evidente que podría decirse que es un reflejo del autoritarismo del gobierno, de su soberbia y de la seguridad que la soberbia les da para creer que las protestas, de darse, serán fácilmente gestionables y superables. Era una medida arbitraria porque prohibía a un colectivo lo que no prohíbe a otros por hacer lo mismo; también lo era porque las condiciones que establecía para cuando se permitiese reiniciar la venta directa, eran mucho más estrictas y difíciles de cumplir para los baserritarrak que las que se exigen a los supermercados y otros comercios.
La respuesta no se dejó esperar. El desacuerdo y la protesta se hicieron presentes y virales; en unos cuantos municipios se mantuvieron los mercados, haciendo valer las competencias que los ayuntamientos tienen; multitud de personas propagaron por las redes sociales el enfado, la protesta y las contradicciones del Gobierno Vasco…
Y ayer, en una comparecencia de las consejeras de Salud y Seguridad, tuvieron que anunciar que el Gobierno Vasco retiraba la arbitraria prohibición.
Son llamativas las razones que dieron para justificar su retractación. He leído que dijeron que la orden se dio "en un contexto previo al periodo festivo del periodo de Semana Santa que coincidía con fuertes restricciones de movilidad"; y que "ahora las circunstancias cambian y el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes".
¿Qué tiene que ver el contexto previo al periodo festivo si la orden extendía sus efectos hasta varias semanas después de Semana Santa? ¿Qué circunstancias han cambiado cuando el miércoles se sabía que el estado de alarma no finalizará, al menos, en unas semanas? Cuando la consejera de Sanidad firmó la orden, ¿no sabía que “el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes"?
Lo que dice la orden no deja lugar a dudas: “La presente Orden (…) desplegará su vigencia y surtirá efectos desde el momento de su adopción y hasta la finalización del estado de alarma y en sus posibles prórrogas”. Nada que ver con la Semana Santa, nada que ver con la vuelta a la actividad no esencial. Para no reconocer un error, arbitrariedad o injusticia buscan argumentos que puedan tener apariencia de lógicos, pero no lo logran.
Los argumentos utilizados por las consejeras pueden explicar algunas cosas. Que todo esto, si se trata de un error, es solo un error de cálculo, que les ha hecho tomar la medida en un momento inadecuado, un momento en el que no esperaban una contestación tan rotunda. Que la retirada de la orden no es una retractación, sino solo un repliegue temporal, y que los intereses que la motivaron (y motivan otras órdenes, decretos, leyes, etc.) seguirán presionando para que su modelo económico siga avanzando, aunque para ello haya que dejar muertos en el camino.
No hay duda de que la reivindicación, la movilización y la lucha colectiva no solo son necesarias, son imprescindibles, tanto durante la vigencia del estado de alarma como después. Si la lucha no es colectiva una posible transición a un modelo económico justo y que no prescinda de nadie no será posible.
La orden de la Consejera de Salud establecía “la suspensión temporal de la actividad de los mercados y ferias tradicionales de venta directa de alimentos y productos agrícolas y ganaderos”. La arbitrariedad de la medida era tan evidente que podría decirse que es un reflejo del autoritarismo del gobierno, de su soberbia y de la seguridad que la soberbia les da para creer que las protestas, de darse, serán fácilmente gestionables y superables. Era una medida arbitraria porque prohibía a un colectivo lo que no prohíbe a otros por hacer lo mismo; también lo era porque las condiciones que establecía para cuando se permitiese reiniciar la venta directa, eran mucho más estrictas y difíciles de cumplir para los baserritarrak que las que se exigen a los supermercados y otros comercios.
La respuesta no se dejó esperar. El desacuerdo y la protesta se hicieron presentes y virales; en unos cuantos municipios se mantuvieron los mercados, haciendo valer las competencias que los ayuntamientos tienen; multitud de personas propagaron por las redes sociales el enfado, la protesta y las contradicciones del Gobierno Vasco…
Y ayer, en una comparecencia de las consejeras de Salud y Seguridad, tuvieron que anunciar que el Gobierno Vasco retiraba la arbitraria prohibición.
Son llamativas las razones que dieron para justificar su retractación. He leído que dijeron que la orden se dio "en un contexto previo al periodo festivo del periodo de Semana Santa que coincidía con fuertes restricciones de movilidad"; y que "ahora las circunstancias cambian y el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes".
¿Qué tiene que ver el contexto previo al periodo festivo si la orden extendía sus efectos hasta varias semanas después de Semana Santa? ¿Qué circunstancias han cambiado cuando el miércoles se sabía que el estado de alarma no finalizará, al menos, en unas semanas? Cuando la consejera de Sanidad firmó la orden, ¿no sabía que “el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes"?
Lo que dice la orden no deja lugar a dudas: “La presente Orden (…) desplegará su vigencia y surtirá efectos desde el momento de su adopción y hasta la finalización del estado de alarma y en sus posibles prórrogas”. Nada que ver con la Semana Santa, nada que ver con la vuelta a la actividad no esencial. Para no reconocer un error, arbitrariedad o injusticia buscan argumentos que puedan tener apariencia de lógicos, pero no lo logran.
Los argumentos utilizados por las consejeras pueden explicar algunas cosas. Que todo esto, si se trata de un error, es solo un error de cálculo, que les ha hecho tomar la medida en un momento inadecuado, un momento en el que no esperaban una contestación tan rotunda. Que la retirada de la orden no es una retractación, sino solo un repliegue temporal, y que los intereses que la motivaron (y motivan otras órdenes, decretos, leyes, etc.) seguirán presionando para que su modelo económico siga avanzando, aunque para ello haya que dejar muertos en el camino.
No hay duda de que la reivindicación, la movilización y la lucha colectiva no solo son necesarias, son imprescindibles, tanto durante la vigencia del estado de alarma como después. Si la lucha no es colectiva una posible transición a un modelo económico justo y que no prescinda de nadie no será posible.
viernes, 10 de abril de 2020
DIARIO DE UN ENCIERRO (11)
10-04-2020
El Gobierno Vasco puso el grito en el cielo cuando el Gobierno de Madrid decretó la paralización de toda actividad productiva no esencial; lo hizo por dos vías: con sus propias declaraciones y a través de las de CONFEBASK, que no suele necesitar exponerse públicamente contra el gobierno como lo hizo. El canal que mejor servicio les dio a ambos fue el controlado con desvergüenza por el PNV. Después los medios de comunicación ―y de nuevo y sobre todo EITB― nos han contado y querido hacernos creer una y otra vez, que la presión ejercida por el Lehendakari fue la que hizo recapacitar al gobierno central para que se permitiese mucha más actividad empresarial que la planteada por el gobierno de Madrid. Lo que no contaban era que, antes que Urkullu, el presidente asturiano ya había conseguido, “al parecer con el respaldo del Ministerio de Industria, reactivar los elementos fundamentales del tejido industrial de la región”.
Según denuncias sindicales y de trabajadoras y trabajadores muchas han sido las personas (en actividades cuya no suspensión exigía el Gobierno Vasco) que han tenido que acudir a su trabajo sin que se les hayan facilitado a tiempo los medios de protección necesarios. Ahora el Gobierno sí va a exigir lo que no ha exigido antes, pero no a todo el mundo. Anteayer publicó una orden que prohíbe temporalmente los mercados tradicionales de baserritarras, y que impone unas condiciones para cuando se levante el estado de alarma que no se imponen a otros mercados, establecimientos o supermercados que comercializan el mismo tipo de productos.
Esto es pura arbitrariedad. ¿Qué se esconde detrás de esto? ¿Qué intereses hay detrás? ¿A quién se quiere beneficiar? Cuando tienes delante una arbitrariedad tan evidente es inevitable hacerse preguntas de este tipo.
Yo creo que esto es solo una muestra de lo que nos puede esperar. Ya se está aprovechando esta crisis para apuntalar aún más un modelo económico que no pone ni las personas, ni los derechos sociales, ni el medio ambiente en el centro. Por eso, aun no siendo personalmente afectados por la orden que afecta a baserritarrak y consumidores, no podemos limitarnos al enfado; probablemente ya cuentan con él, porque saben que de ahí, del mero enfado (tan fugaz como lo que hoy suelen durar las noticias en los medios), no saldrá ninguna reacción.
Esto lo tenemos que tomar como un ATAQUE, un ataque malicioso, como todos los que hacen contra la mayoría que dicen representar. Son malvados porque, sabiendo que perjudican a mucha gente, presentan sus decisiones como si fueran necesarias para el bien de todos. Esto lo tenemos que ver como un ATAQUE, porque si solo lo vemos como algo vergonzoso y criticable no vamos a responder. Si nos atacan, respondemos; si no nos sentimos atacados, no lo haremos. ¡ESTO ES UN ATAQUE!
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