martes, 19 de mayo de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (17)


19-05-2020

QUE NO NOS TOMEN POR IMBÉCILES

Cuando el único y muy débil atisbo de confianza hacia quienes nos gobiernan se reducía a pensar que no es posible que siempre mientan, el día 17 escuché al Lehendakari pedir al presidente del Estado que limitase la “utilización pública” de la información relacionada con la pandemia, que diariamente se estaba dando. Según el Lehendakari la mayoría de los ciudadanos o no la sabemos interpretar o la utilizamos de manera interesada. Quizás la información nos haga peligrosos, por eso nos informan como lo hacen a través de los medios que controlan.

La mentira descarada es más soportable que la media verdad o la mentira muy disfrazada de verdad. Cuando has dado credibilidad a las medias verdades o a las mentiras disfrazadas, descubrir el engaño enfada mucho, enfada por el propio engaño y porque te tomaron por imbécil.

Desde que el tsunami del Covid-19 nos atrapó sentí cierta empatía hacia quienes nos gobiernan, aun siendo opciones políticas que nunca apoyaría. Nos atropelló una crisis repentina que exigía respuestas inmediatas, decididas y, en buena medida, impopulares. Gestionar la crisis sería una tarea difícil, dura e ingrata; y además habría que hacerlo con la seguridad de que a la salida de la misma las condiciones sociales, laborales y económicas serán mucho peore
s. No creo que pueda ser atrayente para nadie tener que enfrentarse a algo así. Pienso que cierta sensibilidad hacia quienes, desde su responsabilidad de gobierno, tienen que bregar con algo así no es excepcional.  

Ante una crisis pandémica como la que sufrimos no se puede sino desear que quienes han asumido la responsabilidad de gobernar acierten en las decisiones que tomen; que la coordinación entre todas las instituciones concernidas sea la más ágil y productiva pos
ible; que se reconozca el esfuerzo colectivo de toda la ciudadanía por el valor que en sí mismo tiene y porque ese reconocimiento es necesario,  pero también para que la ciudadanía se sienta motivada para realizar ese esfuerzo; que se dé la colaboración sincera, cordial y responsable de todas las organizaciones y agentes sociales que puedan aportar en el tratamiento más inmediato de la crisis… No creo que quien pone la vida en el centro y la desea digna para todas las personas que habitamos este mundo, pueda ser radicalmente ajeno a este tipo de deseos. 

Pero es difícil mantener la empatía que mencionaba al principio cuando ves que esta enorme conmoción se utiliza, desde los primeros momentos, para apuntalar instituciones innecesarias o ampliamente contestadas; cuando el ámbito de decisión política teóricamente más cercano se anula, y se deja en suspenso eso que llaman autonomía y algunos quieren hacer pasar por autogobierno; cuando compruebas que la complicidad entre quienes gobiernan pasa por una negociación en la que se exigen favores mutuos que condicionan las medidas que acaban tomando, adaptadas más al interés partidista que a la solución de la pandemia sanitaria (“cogobernanza” llaman ahora a este modo de gobernar).

Ese sentimiento inicial se sigue mermando a diario cuando en cada sobremesa te asomas al noticiario de televisión más seguido de tu país, y siempre te topas con propaganda en lugar de comunicación; cuando las medidas del gobierno sobre desescalada ya publificadas no coinciden con las definitivamente publicadas, y después los criterios de aplicación se siguen modificando; cuando te venden el avance en las fases de desescalada como algo arrancado al gobierno central por la sola y única presión del gobierno de tu comunidad, aunque solo se haya tratado de un intercambio de favores partidistas, y de que la demanda no fue ni tan original ni tan exclusiva.

Y la poca empatía que pueda quedar acaba desapareciendo cuando visualizas el descaro con el que tu gobierno más “cercano” se desdice de decisiones tomadas, pone toda la culpa de su equivocada decisión en el gobierno central y responsabiliza a la ciudadanía del posible (¿también probable?) retroceso en la lucha contra la pandemia. Un ejemplo, aunque no el único, es todo lo que ha ocurrido y está ocurriendo con relación a la vuelta a la actividad educativa presencial.

Y por fin nos comunican oficialmente algo en lo que, al menos en parte, se han debido centrar las negociaciones entre los gobiernos autonómico y central sobre las fases de desescalada: habrá elecciones el 12 de julio. Un tema en el que se mezclan todo tipo de modos de engaño; es decir, la mentira descarada, la media verdad y la mentira muy disfrazada de verdad. El día 14 de mayo el Lehendakari dijo no saber aún cuando iba a convocar elecciones. Según su portavoz ni siquiera tenía preferencias entre las posibles fechas de julio ni entre ese mes u otro posible. Sin embargo, el mismo día la consejera de Salud firmó una orden para poder pasar de la “emergencia sanitaria” a la de “vigilancia sanitaria”; y el viceconsejero otra que en su resolución venía a decir lo mismo. Ahora el gobierno de Gasteiz da por terminada la emergencia sanitaria (condición necesaria para celebrar elecciones según resolución de marzo del propio gobierno), pero seguimos en estado de alarma.

Por este estado de alarma yo no puedo reunirme con gran parte de mi familia; aunque viven a pocos kilómetros al norte o al sur de mi residencia, lo hacen en un territorio histórico diferente. ¿Es para evitar que las elecciones convocadas se tengan que volver a suspender si nos contagiamos en reuniones familiares? ¿Qué importa más, la seguridad sanitaria o las elecciones?

Uno de los argumentos más repetidos por el partido del Lehendakari es que necesitamos un gobierno fuerte para salir de la crisis. Dicen también que “necesitamos un Parlamento fuerte que pueda elaborar unos presupuestos acordes al momento, y realizar las reformas necesarias”. Realizar las reformas necesarias; esto da más miedo que el Covid-19. En la campaña electoral, que quieren corta porque la suya ya la hacen a diario en EITB, ¿van a explicar, CON DETALLE, qué tipo de presupuestos van a hacer? Y, sobre todo, ¿de dónde sacarán los ingresos? ¿Explicarán CON CLARIDAD qué reformas piensan realizar si obtienen la mayoría? ¿Volverán a los recortes salariales y sociales como en la última crisis económica?

Quieren estar solos para aplicar las recetas que ya saben aplicar. Recetas de sus allegados de CONFEBASK. Recetas neoliberales que no pueden camuflar con un discurso que quieren que parezca social. Recetas que pasan por reducir impuestos a los beneficios empresariales. Recetas como las que propondrían esos capitalistas que Ortuzar dice que no hay en su partido. Para salir de esta crisis se necesita dinero. ¿Cambiarán la política fiscal? ¿Aumentarán los impuestos a las rentas altas, a las empresas y al capital?

De nosotros depende que no tengan razón cuando nos toman por imbéciles.

1 comentario: