domingo, 10 de mayo de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (16)



10-05-2020

¿CARPE DIEM?

Hace nueve días que no pasaba por aquí. Hace seis un amigo me envió un enlace para que leyese un artículo de Miguel Salas titulado “1º de mayo. La vida y los derechos”. Lo leí, aunque con cierta prisa, y dejé al alcance de la vista el enlace de la publicación para leerlo con más atención. Lo he vuelto a leer hoy, lejos ya de la oportunidad del momento al que hace referencia en su título, y lejos de la inmediatez de la publicación. Pero el mensaje no se hace viejo.

En el primer párrafo formula las razones para haberse manifestado el 1º de mayo; creo que seguirán siendo las mismas por las que la clase trabajadora tendremos que seguir resistiendo y manifestándonos en el futuro más cercano, “por el negro futuro inmediato que se avecina, (…) para exigir medidas que salven vidas y protejan las condiciones de quienes menos tienen”.

Después repasa lo que ocurrió con manifestaciones que se habían comunicado para el 1º de mayo. Las delegaciones del Gobierno las prohibieron; hubo recursos; el Tribunal Constitucional “aprovechó la coyuntura para emitir una resolución en la que volvía a retorcer su particular interpretación de los derechos y libertades”. Y no dejó que trabajadores y trabajadoras “aprovechasen su día”.

El sistema funcionó: el poder ejecutivo decidió prohibir manifestaciones cuyos convocantes garantizaban la distancia y la seguridad de las personas manifestantes, muchas de las cuales se han desplazado diariamente a puestos de trabajo donde no se les ha garantizado la seguridad que en las manifestaciones iba a haber. Las organizaciones convocantes recurrieron. Y el Tribunal Constitucional prohibió y dejó claro cuál es su jerarquización de los derechos y libertades. ¿Sirven para algo los recursos, si no es para dar apariencia de seguridad jurídica, una seguridad imposible de esperar de tribunales politizados y clasistas?

Miguel Salas alerta también sobre la posibilidad de que en el próximo futuro se impida el derecho a la protesta. El terreno parece estar abonado para ello, Como Salas dice en un artículo anterior (al que he llegado a partir del que me envió mi amigo): “Las epidemias, plagas y pandemias tienen un componente de irrealidad, de algo incontrolable que es capaz de causar la muerte y producir desastres como los que estamos viviendo. Es un terreno fértil para el cultivo, consciente o inconsciente, de miedos que pueden ser utilizados para limitar derechos y libertades. Son demasiados los ejemplos para comprender que los riesgos son reales”.

Los indicios de que el terreno ya está abonado están ahí. Los podemos comparar con el coronavirus: los síntomas pueden atribuirse a una infección gripal controlable o a una grave infección por Covid-19; para una estábamos preparados, para la otra no. Las señales de que el terreno está abonado para limitar derechos y libertades se vieron desde el comienzo del confinamiento: centralización, presencia (innecesaria) del ejército en las calles, actuaciones policiales arbitrarias y represivas, actuación soberbia de gobiernos, utilización descarada de medios de comunicación públicos… Todos estos síntomas, ¿qué indican? ¿Son los propios de una infección autoritaria crónica, que soportamos con cierta naturalidad por estar acostumbrados a ella? ¿O son el inicio de una verdadera y más mortal enfermedad de autoritarismo, recentralización, desigualdad y desprecio a la mayoría, que, como el coronavirus, afecta más a quienes menos tienen?

Los síntomas están ahí. La respuesta tendría que ser enérgica e inmediata, sin esperar a la confirmación del peor diagnóstico posible. Como clase trabajadora (clases populares dicen ahora) tenemos que aprovechar continuamente el presente para luchar contra el mañana que nos quieren imponer. Aprovechar el presente puede ser mantenerse en una movilización continuada.

Llevamos casi dos meses de confinamiento, un encierro que nos aleja a unas personas de otras, y que al mismo tiempo puede hacer que nos pongamos en contacto más a menudo con amigos y conocidos a través de las redes informáticas y aplicaciones de mensajería. Estos son también los medios que más utilizamos para informarnos; el consumo de información por esos medios ha crecido más del 50%, pero eso no quiere decir que la información que nos llega es un 50% más fiable. Diría que en algunos medios utilizados como fuente de información por muchísimas personas (EITB, por ejemplo) la falta de fiabilidad ha aumentado exponencialmente.

Aunque sea repetitivo vuelvo otra vez hoy al tema de la información. En el modo más extendido de comunicación actual (píldoras “informativas” en las redes sociales, titulares, inmediatez y, casi siempre, superfialidad), parece haberse impuesto el concepto carpe diem, en el sentido de vivir el momento sin pensar en el futuro. Es, quizás, lo que la frase original quería transmitir: “Carpe diem, quam minimim credula postero” (aprovecha el día de hoy; confía lo menos posible en el mañana).

Pero podríamos darle un sentido diferente: como clase trabajadora (clases populares dicen ahora) tenemos que aprovechar continuamente el presente para poder tener esperanzas en el mañana que queremos, el mañana más justo para todas las personas que habitamos este mundo. Aprovechar el presente puede ser mantenerse en una movilización continuada. Tras el shock de la crisis sanitaria no podemos confiar en el mañana que el neoliberalismo está ya imponiendo aprovechándose de la conmoción que nos ha sacudido, y en buena medida nos ha podido dejar asustados e inermes. No hay que esperar a que pase el tiempo para tomar conciencia; es necesario haberla tomado ya o tomarla de inmediato, porque ya sabemos de sobra que el neoliberalismo ha aprovechado cada conmoción para imponerse; cada crisis ha servido para que la desigualdad crezca y la pobreza la sufran cada vez más personas. La resistencia, la movilización y la lucha deben ser nuestro carpe diem de clase.

Y ya que al ejército se le ha dado un protagonismo vergonzante, podemos usar su lenguaje para que nuestra resistencia y lucha se entienda: estamos en pie de guerra, estamos en guerra.



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