viernes, 24 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (14)

24-04-2020

(He compartido este texto en euskera en mi cuenta de Facebook. No me resisto a hacerlo en este blog en castellano, aunque mi traducción del texto de BERRIA quizás traicione la literalidad del original)

ATENCIÓN A LAS PALABRAS DE TRABAJADORAS INVISIBLES

El diario BERRIA publica diariamente las opiniones, reflexiones o vivencias de cinco personas en un diario sobre EL COVID-19 titulado "Termometro". En él un agricultor, una enfermera de urgencias, un estudiante universitario, un conductor de autobús y un trabajadora doméstica son quienes dan la medida del COVID-19. Presto atención, sobre todo, a lo que dice la trabajadora domiciliaria. Las cuatro primeras personas tienen nombre, esta trabajadora no; quiere mantener el anonimato, y se entiende fácilmente por qué. En la primera entrada del diario (la de hoy es la XXVII) decía: "Somos invisibles, sí. Ya lo éramos antes, y más ahora con esta crisis. Yo misma, empleada de hogar, ¿dónde estoy?

Las reflexiones de esta trabajadora domiciliaria en la entrada de hoy son las siguientes:

"Quienes vivimos en esta casa nos llamamos vecinos, aunque solo nos separe una sencilla pared de dormitorio. La dueña de la casa vino a verme el otro día para decirme algo que no es muy reciente: que en los ascensores han puesto, por lo visto, avisos para el personal de servicios sanitarios para que abandonen el bloque antes de contagiar a nadie. Los vecinos. Según la dueña, personal de supermercados han recibido mensajes similares; y que también han aparecido en ascensores avisos que señalaban a los que no salían a aplaudir a las ocho de la tarde. Me dejó perpleja. Quienes actúan así quieren gobernar el bloque, impidiéndonos al resto a gobernarnos en nuestra propia casa.

COVID-19. Corto en letras y números, pero lo que nos está saliendo de dentro es bien grande: los sentimientos más sublimes y el veneno más negro. La envidia, el egoísmo, el racismo, la esclavitud, el odio y la vanidad; atravesamos una calle llena de virus desde hace mucho tiempo. El miedo al coronavirus se impone hoy, pero el corazón puede ser un depósito de cosas mucho peores, y vivimos con ese veneno como vecino. Lo peor es que cada día nos han estado ofreciendo sonrisas hipócritas en la calle, en la tienda, en todas partes; y hasta ahora no nos hemos dado cuenta de esa clase de gente que teníamos al lado
".

viernes, 17 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (13)



17-04-2020


(La primera parte la comencé a escribir ayer por la mañana; 
no terminé por lo que sucedió mientras lo hacía)


Una noticia llamó ayer por la mañana mi atención; el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco se reafirmaba sobre las medidas cautelares, que a petición del sindicato ELA, había requerido a Osakidetza hacía más de diez días para que proveyese a su plantilla del material de protección necesario. Semana y media más tarde, y al parecer después de oír todas las alegaciones posibles, El TSJPV vuelve a hacer el mismo requerimiento al servicio de salud vasco. 

La noticia la leí en un medio que quizás para Jesús Loza (al que mencioné en este diario) no sea un medio serio, así que me fui a otro para contrastarla; y para confirmar todo fui al origen, a la página web de quien había presentado la “demanda de tutela de derechos fundamentales”. Creo que no me equivoco diciendo que el segundo medio a los que me refiero no es de los instalados en la confrontación como dice Koldo Mediavilla (PNV), ya que él escribe en el mismo (también le mencioné en este diario). El primero y el tercero, además, son de quienes defienden un cambio de modelo económico, razón por la que, para Koldo Mediavilla, no son de fiar.

Sin embargo, creo que el tratamiento de la noticia del medio “serio”[1] no es muy periodístico, no es imparcial. Prácticamente solo hace referencia a las alegaciones de Osakidetza; prácticamente les da el valor de prueba a su favor. Entonces, ¿por qué de nuevo el requerimiento?

“Estar informado exige esfuerzo”; más de una vez se lo he leído a Ignacio Ramonet, y en alguna ocasión he tenido el privilegio de escuchárselo personalmente. Me acordé de ello al mismo tiempo que pensaba: ¿Cómo de informado está quien lee esta noticia en ese medio serio que frecuenta Koldo Mediavilla?

Pero, aunque la mañana apenas había comenzado, abandoné aquellos pensamientos. Otra noticia que se acababa de producir atrajo mi atención: acababa de morir en accidente laboral un vecino de mi pueblo. A partir de entonces fueron otras las inquietudes y los sentimientos que ocuparon el día, lo siguen haciendo hoy, y lo seguirán haciendo en el futuro: rabia, impotencia, desprecio; deseos de gritar…

Rabia, porque otra vez ese modelo económico que a los instalados en la confrontación nos gustaría cambiar, se había cobrado una nueva vida, la de alguien de nuestra clase, la de una persona para la que no estaba destinado el beneficio que con su esfuerzo se producía.

Impotencia, porque después de muchos años y multitud de concentraciones, manifestaciones y huelgas para protestar contra esta lacra de la inseguridad laboral, se siguen produciendo accidentes graves y muertes. ¡Y NO PASA NADA!


Desprecio, por todas las personas que anteponen su beneficio y el de sus valedores al bienestar, la salud y la vida de trabajadoras y trabajadores. Desprecio por quienes nos desprecian con condescendencia.

Y ganas de gritar para desahogarme y no llegar al odio, porque creo que el odio y el rencor solo perjudican al que los siente. Si es justa la rabia, el odio y el rencor pueden inhabilitar para luchar con la serenidad suficiente contra la injusticia que la provoca, para luchar con el juicio e inteligencia necesarios que no condenen el combate a una derrota continuada, una derrota segura, aunque nunca definitiva.

¿Para qué pedir que las circunstancias se aclaren? ¿Para qué sirven las investigaciones que se ponen en marcha nada más producirse una muerte por accidente laboral? A menudo se traslada una supuesta solución a un horizonte impreciso, que más de una vez sirve para repartir responsabilidades entre quien sufre el accidente y quien tuvo la responsabilidad de garantizar las medidas de seguridad para que no se produjese.

Hay que denunciar con firmeza la desidia de quien teniendo la obligación de garantizar la salud y seguridad laboral da prioridad a los resultados económicos y a la productividad. Pero, ¿es suficiente? ¿No es ya hora de dar pasos mucho más decididos?




[1] Pongo el enlace por si alguien quiere contrastar. También necesito poner “serio” entre comillas, además de en cursiva, para que no se me entienda lo que no quiero decir.

domingo, 12 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (12)

2020-04-12

La presión y la lucha dan resultados.

El miércoles se publicó una orden en el BOPV prohibiendo la venta de productos agrarios en mercados y ferias. Ayer, sábado, Lakua tuvo que ceder a la presión y permitir la apertura de los mercados en los que nuestros productores más cercanos venden sus productos.

La orden de la Consejera de Salud establecía “la suspensión temporal de la actividad de los mercados y ferias tradicionales de venta directa de alimentos y productos agrícolas y ganaderos”. La arbitrariedad de la medida era tan evidente que podría decirse que es un reflejo del autoritarismo del gobierno, de su soberbia y de la seguridad que la soberbia les da para creer que las protestas, de darse, serán fácilmente gestionables y superables. Era una medida arbitraria porque prohibía a un colectivo lo que no prohíbe a otros por hacer lo mismo; también lo era porque las condiciones que establecía para cuando se permitiese reiniciar la venta directa, eran mucho más estrictas y difíciles de cumplir para los baserritarrak que las que se exigen a los supermercados y otros comercios.

La respuesta no se dejó esperar. El desacuerdo y la protesta se hicieron presentes y virales; en unos cuantos municipios se mantuvieron los mercados, haciendo valer las competencias que los ayuntamientos tienen; multitud de personas propagaron por las redes sociales el enfado, la protesta y las contradicciones del Gobierno Vasco…

Y ayer, en una comparecencia de las consejeras de Salud y Seguridad, tuvieron que anunciar que el Gobierno Vasco retiraba la arbitraria prohibición.

Son llamativas las razones que dieron para justificar su retractación. He leído que dijeron que la orden se dio "en un contexto previo al periodo festivo del periodo de Semana Santa que coincidía con fuertes restricciones de movilidad"; y que "ahora las circunstancias cambian y el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes".

¿Qué tiene que ver el contexto previo al periodo festivo si la orden extendía sus efectos hasta varias semanas después de Semana Santa? ¿Qué circunstancias han cambiado cuando el miércoles se sabía que el estado de alarma no finalizará, al menos, en unas semanas? Cuando la consejera de Sanidad firmó la orden, ¿no sabía que “el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes"?

Lo que dice la orden no deja lugar a dudas: “La presente Orden (…) desplegará su vigencia y surtirá efectos desde el momento de su adopción y hasta la finalización del estado de alarma y en sus posibles prórrogas”. Nada que ver con la Semana Santa, nada que ver con la vuelta a la actividad no esencial. Para no reconocer un error, arbitrariedad o injusticia buscan argumentos que puedan tener apariencia de lógicos, pero no lo logran.

Los argumentos utilizados por las consejeras pueden explicar algunas cosas. Que todo esto, si se trata de un error, es solo un error de cálculo, que les ha hecho tomar la medida en un momento inadecuado, un momento en el que no esperaban una contestación tan rotunda. Que la retirada de la orden no es una retractación, sino solo un repliegue temporal, y que los intereses que la motivaron (y motivan otras órdenes, decretos, leyes, etc.) seguirán presionando para que su modelo económico siga avanzando, aunque para ello haya que dejar muertos en el camino.

No hay duda de que la reivindicación, la movilización y la lucha colectiva no solo son necesarias, son imprescindibles, tanto durante la vigencia del estado de alarma como después. Si la lucha no es colectiva una posible transición a un modelo económico justo y que no prescinda de nadie no será posible.

viernes, 10 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (11)


10-04-2020
El Gobierno Vasco puso el grito en el cielo cuando el Gobierno de Madrid decretó la paralización de toda actividad productiva no esencial; lo hizo por dos vías: con sus propias declaraciones y a través de las de CONFEBASK, que no suele necesitar exponerse públicamente contra el gobierno como lo hizo. El canal que mejor servicio les dio a ambos fue el controlado con desvergüenza por el PNV. Después los medios de comunicación ―y de nuevo y sobre todo EITB― nos han contado y querido hacernos creer una y otra vez, que la presión ejercida por el Lehendakari fue la que hizo recapacitar al gobierno central para que se permitiese mucha más actividad empresarial que la planteada por el gobierno de Madrid. Lo que no contaban era que, antes que Urkullu, el presidente asturiano ya había conseguido, “al parecer con el respaldo del Ministerio de Industria, reactivar los elementos fundamentales del tejido industrial de la región”.

Según denuncias sindicales y de trabajadoras y trabajadores muchas han sido las personas (en actividades cuya no suspensión exigía el Gobierno Vasco) que han tenido que acudir a su trabajo sin que se les hayan facilitado a tiempo los medios de protección necesarios. Ahora el Gobierno sí va a exigir lo que no ha exigido antes, pero no a todo el mundo. Anteayer publicó una orden que prohíbe temporalmente los mercados tradicionales de baserritarras, y que impone unas condiciones para cuando se levante el estado de alarma que no se imponen a otros mercados, establecimientos o supermercados que comercializan el mismo tipo de productos.

Esto es pura arbitrariedad. ¿Qué se esconde detrás de esto? ¿Qué intereses hay detrás? ¿A quién se quiere beneficiar? Cuando tienes delante una arbitrariedad tan evidente es inevitable hacerse preguntas de este tipo.

Yo creo que esto es solo una muestra de lo que nos puede esperar. Ya se está aprovechando esta crisis para apuntalar aún más un modelo económico que no pone ni las personas, ni los derechos sociales, ni el medio ambiente en el centro. Por eso, aun no siendo personalmente afectados por la orden que afecta a baserritarrak y consumidores, no podemos limitarnos al enfado; probablemente ya cuentan con él, porque saben que de ahí, del mero enfado (tan fugaz como lo que hoy suelen durar las noticias en los medios), no saldrá ninguna reacción.

Esto lo tenemos que tomar como un ATAQUE, un ataque malicioso, como todos los que hacen contra la mayoría que dicen representar. Son malvados porque, sabiendo que perjudican a mucha gente, presentan sus decisiones como si fueran necesarias para el bien de todos. Esto lo tenemos que ver como un ATAQUE, porque si solo lo vemos como algo vergonzoso y criticable no vamos a responder. Si nos atacan, respondemos; si no nos sentimos atacados, no lo haremos. ¡ESTO ES UN ATAQUE!

miércoles, 8 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (10)


08-04-2020
No hace muchos días nos enseñaban en la tele lo impolutos que están quedando los cielos, cómo desaparecen de los mismos diversos gases contaminantes que provocan el efecto invernadero y el cambio del clima. En algunos vídeos vimos como el espacio sobre el norte de Italia se había limpiado durante las semanas de confinamiento transcurridas. ETB nos quiso mostrar cómo desaparecía la contaminación de nuestras ciudades, aunque sin recurrir a imágenes obtenidas por satélites como las de los vídeos del norte de Italia. ¿Nos querían mostrar las ventajas del encierro obligatorio?

Desde que comenzó el estado de alarma por el COVID-19 he pensado más de una vez (como seguro que lo ha hecho muchísima gente) en las posibles ventajas que la crisis nos podría proporcionar para que, por fin, optásemos como sociedad por un cambio de modelo económico. Un cambio de modelo que nos llevase a una sociedad justa, en la que las personas y una vida digna para todas ellas en un planeta habitable para desarrollarla, fuesen los objetivos. ¡Qué ingenuo! Quienes ponen el libre mercado por delante también ven ventajas, y aprovecharán sus oportunidades.

¿Es el Mercado (con mayúscula, como le corresponde a un dios que se reclama único) quien está esforzándose en atender a la población más necesitada ahora? El personal sanitario, el de limpieza, el del transporte de mercancías, el de enseñanza, las trabajadoras y trabajadores obligados a trabajar sin la protección adecuada, las personas que han puesto en marcha las redes de solidaridad…; son algunos de los colectivos que hacen posible la atención a quienes enferman, a quienes corren riesgo de hacerlo y a todas las personas que estamos confinadas en casa. ¿Qué hace el libre mercado?

La mayoría de la población no somos analistas, ni expertos en economía, ni tenemos habilidades para descubrir en cada información con la que nos bombardean desde los medios hegemónicos qué es información imparcial, y qué hay que tomar como propaganda o información subliminal de quien emite el mensaje. Pero hay cosas que es imposible ocultar por muy cocinado que esté el mensaje. Estos días nos llega la noticia de que se ha multiplicado el precio de mascarillas, guantes y geles desinfectantes; son elementos que continuamente nos aconsejan utilizar para protegernos contra el COVID-19. Nos dicen, y lo creemos porque tiene que ser así, que la prioridad, ahora, es combatir la pandemia. Destaco el ahora porque designa un momento concreto; pero las leyes del libre mercado se aplican siempre, y este adverbio abarca mucho más que ahora, porque lo lleva incluido. Para la especulación las personas no estamos en el centro.

Naomi Klein publicó en 2007 La doctrina del shock, cuando la fermentación de la masa que provocaría la crisis económica a escala mundial, ya estaba llegando a su punto adecuado. En el libro pone al descubierto cómo el capitalismo ha utilizado los momentos de crisis para introducir medidas de choque económico. No fueron pocos sus críticos, no en vano estaba desenmascarando la ideología hegemónica, que es la que más adeptos suele tener. Pero las consecuencias de la crisis que acabó estallando y afectándonos a todos, han demostrado que el libre mercado es enemigo de la mayoría. Solo los más ricos han incrementado su patrimonio; mientras el capital empresarial se multiplica, los salarios se reducen y la capacidad de reacción de la clase trabajadora se frena.

No podemos ser ingenuos. La salida de esta crisis solo nos será benévola si respondemos como clase, como clase trabajadora (o, si se prefiere el eufemismo, como clase asalariada) luchando por nuestros intereses de clase. Son muchas las dificultades; una, que buena parte de la clase trabajadora no quiere verse incluida en la que es su clase; o, al menos, no está dispuesta a aportar en la lucha necesaria.

A la pregunta: ¿Cómo podremos recuperarnos como individuos y como sociedad de todo esto?, Marina Garcés, doctora en filosofía, responde: “Recuperarnos es seguir viviendo sin reproducir lo que nos ha llevado hasta aquí. ¿Sabremos hacerlo? ¿O querremos olvidar de golpe todo lo que hemos sufrido? No debemos dramatizar, pero tampoco olvidar. Si no, no habremos aprendido nada”.

Creo que es necesario subrayar que recuperarnos es seguir viviendo sin reproducir lo que nos ha llevado hasta aquí.

Pero Garcés también dice que “el control social será uno de los grandes ganadores de la pandemia”. Y esto también será una dificultad, porque buena parte de quienes se postulan como controladores sociales desde balcones y ventanas pertenecen a la clase asalariada. Para ellos creo que sí es necesario el eufemismo.

domingo, 5 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (9)

05-04-2020
Fin de semana. Para celebrarlo, o para tratar de mantenernos conscientes de en qué día de la semana vivimos, hemos salido a tomar un vermut y comer unos pinchos. Hoy toda la familia hemos hecho la misma ronda: todos al balcón. Hemos echado en falta a nuestro alrededor a quienes antes del confinamiento se cruzaban en la calle con nosotros, o entraban a los mismos bares, o eran espectadores de los mismos espectáculos, …

Hoy no hemos visto al dueño del bar que nos suele agradecer la visita a su establecimiento con una sonrisa y un saludo personalizado. No hemos visto a los camareros y camareras que nos suelen servir como si fuésemos los clientes más importantes que van a tener durante el día. Tampoco hemos visto salir fugazmente de la cocina con una bandeja a quien prepara los sabrosos pinchos que solemos degustar. El primero quizás este pensando en que el obligado cierre y la falta de ingresos puede forzarle a prescindir del personal contratado (a no ser que eso nunca le haya preocupado). El resto del personal quizás esté visualizando un negro futuro, si el presente no lo es ya por haber sufrido ya el despido.

Hoy no hemos visto a esas emigrantes que acompañan a personas mayores o empujan las sillas de ruedas de las impedidas. Tampoco hemos visto a los vendedores ambulantes que, siempre sonrientes, nos suelen ofrecer sus productos, aunque nunca les solamos comprar. ¿Siguen en su trabajo las primeras? ¿Unas y otros tienen ingresos para sobrevivir? ¿Dónde y en qué condiciones pasan la reclusión?

Hoy no nos hemos parado a hablar con amigos o conocidos. No nos hemos cruzado con trabajadoras y trabajadores de todos los sectores y servicios disfrutando de algunas horas de ocio. Nadie nos ha podido contar cara a cara cómo le va en el trabajo, si les han aplicado un ERTE, un ERE, o simplemente ya les han despedido sin indemnización, porque o no tenían contrato, o el que tenían era tan precario que ni siquiera tenía condiciones.

Tampoco hemos tenido ocasión de ver a quienes muchas de las personas antes mencionadas deben su inseguridad, su precariedad o su descarada explotación. No hemos tenido ocasión de ver al rentista, que sin más esfuerzo que el del avaro que cuenta sus monedas, vive del esfuerzo del autónomo que le alquila un local y del de las personas que trabajan en él. No hemos tenido ocasión de ver al gran empresario que valora más sus beneficios que la salud de trabajadoras y trabajadores. No hemos tenido ocasión de cruzarnos con conocidos o desconocidos que apalabran servicio doméstico sin contrato y sin dar de alta en la Seguridad Social a la persona que les hace el trabajo desagradable.

Se acaba el día. Ahora, al anochecer, nos veremos con muchos vecinos; saldremos al balcón para expresar con una cacerolada nuestra repulsa a una agresión  machista que se produjo ayer en Laudio.


jueves, 2 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (8)

2020-04-02
Un amigo envió ayer un resumen de artículos publicados en The Economist y en Der Spiegel. En el primero se describe la situación que sufre la economía más rica del mundo (EEUU) por el COVID19; el segundo tiene como tema el tratamiento que en Alemania están buscando para responder a las consecuencias que la pandemia nos dejará[1]. Diría que se tratan de las dos caras de una moneda a la que le falta el canto, que vendría a ser donde nos encontramos nosotros, o al menos donde la llamada clase media creemos que se encuentra la mayoría de las personas de nuestro país, aunque no sea cierto.

En el primero se destaca que para mantener a una población sana es necesario que la gente no propague la enfermedad, “pero también que busque tratamiento sin preocuparse por una deuda agobiante”. Pero en EEUU no se remuneran a todas las personas trabajadoras las bajas por enfermedad; solo el 20% de los trabajadores precarizados del sector servicios puede contar con ellas.

En el segundo se dice que Alemania se enfrenta a una gran intervención en la economía, y que podrá adquirir participaciones en grandes empresas; ya se han reservado para ello 100.000 millones de euros. En el resumen que mi amigo comparte se dice que se discute sobre las condiciones con las que debe participar el Estado: “Unos advierten sobre los riesgos de una nacionalización progresiva, mientras que otros exigen que el Gobierno federal desempeñe un papel activo en las empresas donde invierta”.

Dos artículos y dos escenarios; uno en el que el capitalismo ya ha conseguido la absoluta libertad económica, en la que el bienestar de las personas, las necesidades primarias y la propia vida dependen de la capacidad adquisitiva (de la capacidad adquisitiva que te permiten tener). Capitalismo, libertad económica, neoliberalismo, pero ¿se puede hablar de libertad cuando se dan desigualdades tan brutales?

El otro escenario se da donde el llamado estado de bienestar ya había empezado hace tiempo a ser limado. La discusión se puede dar ahora entre quienes no ven con muy malos ojos el sistema ultraliberal del gendarme mundial, y quienes apuestan más por un modelo económico diferente que deje de poner en manos privadas lo que debe y puede ser público.

¿Dónde nos situaremos nosotros? Mucho puede depender de la conciencia que gracias al COVID-19 hayamos tomado como sociedad sobre el valor de lo público y de los derechos sociales, si es que realmente la tomamos. ¿Va a ocurrir, o la mayoría de la sociedad se seguirá adhiriendo a la hegemonía cultural de las clases dominantes? Solo hay que prestar un poco de atención a los medios de comunicación hegemónicos para darse cuenta de que quienes avanzaban hacia el escenario más neoliberal posible, no solo están preparándose para cuando acabe el estado de alerta, ya han comenzado a definir, marcar y ocupar el terreno. Mejor dicho: no han comenzado, siguen haciéndolo con mas vigor que antes.

¿Ejemplos? No faltan: la presión a la que realmente ceden u obedecen los gobiernos (se definan del color que se definan); el clarísimo alineamiento del Gobierno Vasco con CONFEBASK y en contra de la clase trabajadora; la omnipresencia de un discurso militarista; el intento de utilizar esta crisis para rehabilitar la corona, la institución más antidemocrática del estado; el recorte unilateral de competencias; la retirada de financiación a las políticas activas de empleo para pagar las ayudas al paro por el coronavirus (o sea, quitar a la clase trabajadora las dirigidas a la población activa para decir que se ayuda a la clase trabajadora en paro)…

La crisis se puede transformar en oportunidad, dicen. Si no reaccionamos como clase la oportunidad no será nuestra.



[1] 2019.
PIB-EEUU: 19.139.884 millones de €. (1er. puesto).   PIB-Estado español: 1.244.757 millones de € (+/-14º puesto).
PIB per capita- EEUU: 58.469 €.   PIB per capita- Estado español: 26.440 € (https://datosmacro.expansion.com/pib)