28-03-2020
Creo que hoy es sábado.
Sí, es sábado, porque ayer fue el día en el que la mayoría sindical vasca había convocado a trabajadoras y trabajadores a movilizarse en sus centros de trabajo, o en las ventanas y balcones, en defensa de la salud, el empleo y las condiciones laborales; y eso era en viernes.
En casa salimos armados de los elementos necesarios para comenzar la cacerolada. En las ventanas y balcones que se ven desde el nuestro no había nadie; en los del edificio donde está nuestra vivienda no se oía nada, solo el ruido que hacíamos desde el nuestro. Después de unos minutos se sumó una mujer en el edificio de enfrente, en un balcón alejado.
–¡No sabía por qué era! –nos gritó.
–¿Ahora ya sabes? –Le pregunté.
Lo acababa de escuchar en las noticias de las 12:00. No recordaba haberlo oído la víspera, ni en la radio ni en la televisión. Y estuvimos un buen rato atrayendo las miradas de las pocas personas que pasaban por la calle, o de las que se asomaban fugazmente y ya no volvían a asomarse con los elementos necesarios para hacernos compañía.
Me preguntaba cuál podría ser la razón por la que la inmensa mayoría de mis vecinos no secundaba la convocatoria; desde luego no era por timidez o reparo a mostrar su solidaridad ante todo el vecindario, porque el apoyo a otras muestras de solidaridad suele ser masivo estos días. Y recordé que alguien (creo que Gramsci) había dicho que la realidad se define con palabras, y que quien controla las palabras controla la realidad. Quien controla los medios controla la realidad, podríamos decir.
Más tarde comprobamos que en el Teleberri sí daban su cobertura a la convocatoria, a la tarde y a la noche, pero ya no había ningún peligro de que la adhesión a la movilización fuese a ser multitudinaria. Eso sí, nos informaron con mucha claridad de que CC.OO y UGT no habían apoyado la movilización, porque no es momento de movilizarse sino de arrimar el hombro. ¿Cuándo es momento de movilizarse para estos dos sindicatos?
Hoy he leído que en Sidenor de Basauri la Ertzaintza impidió que se realizase la protesta con la que se pretendía que «se priorice la salud pública en contra de la decisión de las patronales y gobiernos que prefieren priorizar el interés económico». El comité de empresa insistió en que la Ertzaintza entrase paraverificar la faltas de medidas de seguridad en Sidenor. No entraron; allí estaban para lo que estaban.
Y, hablando de palabras e información, recuerdo que el día 21 me preguntaba en este diario de un encierro, qué había sido de los dos trabajadores desaparecidos en Zaldibar. Ya no tengo que preguntármelo, porque la información sobre el tema vuelve a estar en la agenda de los medios.
En casa salimos armados de los elementos necesarios para comenzar la cacerolada. En las ventanas y balcones que se ven desde el nuestro no había nadie; en los del edificio donde está nuestra vivienda no se oía nada, solo el ruido que hacíamos desde el nuestro. Después de unos minutos se sumó una mujer en el edificio de enfrente, en un balcón alejado.
–¡No sabía por qué era! –nos gritó.
–¿Ahora ya sabes? –Le pregunté.
Lo acababa de escuchar en las noticias de las 12:00. No recordaba haberlo oído la víspera, ni en la radio ni en la televisión. Y estuvimos un buen rato atrayendo las miradas de las pocas personas que pasaban por la calle, o de las que se asomaban fugazmente y ya no volvían a asomarse con los elementos necesarios para hacernos compañía.
Me preguntaba cuál podría ser la razón por la que la inmensa mayoría de mis vecinos no secundaba la convocatoria; desde luego no era por timidez o reparo a mostrar su solidaridad ante todo el vecindario, porque el apoyo a otras muestras de solidaridad suele ser masivo estos días. Y recordé que alguien (creo que Gramsci) había dicho que la realidad se define con palabras, y que quien controla las palabras controla la realidad. Quien controla los medios controla la realidad, podríamos decir.
Más tarde comprobamos que en el Teleberri sí daban su cobertura a la convocatoria, a la tarde y a la noche, pero ya no había ningún peligro de que la adhesión a la movilización fuese a ser multitudinaria. Eso sí, nos informaron con mucha claridad de que CC.OO y UGT no habían apoyado la movilización, porque no es momento de movilizarse sino de arrimar el hombro. ¿Cuándo es momento de movilizarse para estos dos sindicatos?
Hoy he leído que en Sidenor de Basauri la Ertzaintza impidió que se realizase la protesta con la que se pretendía que «se priorice la salud pública en contra de la decisión de las patronales y gobiernos que prefieren priorizar el interés económico». El comité de empresa insistió en que la Ertzaintza entrase paraverificar la faltas de medidas de seguridad en Sidenor. No entraron; allí estaban para lo que estaban.
Y, hablando de palabras e información, recuerdo que el día 21 me preguntaba en este diario de un encierro, qué había sido de los dos trabajadores desaparecidos en Zaldibar. Ya no tengo que preguntármelo, porque la información sobre el tema vuelve a estar en la agenda de los medios.
A Jesús Loza, el ex delegado del Gobierno en la CAV, le he oído decir esta mañana en Radio Euskadi que “es necesario informarse a través de los medios tradicionales, de los medios serios”.
En el mismo medio que él hablaba, escuché ayer una entrevista a un sobrino de uno de los desaparecidos en el vertedero de Zaldibar. Tuve todo el tiempo la sensación de que se trataba de una entrevista pactada en los términos y en el tono, términos y tono adecuados a los intereses de quien controla las palabras, de quien controla el medio. Pero si Loza habla desde él, tiene que ser un medio serio, así que debo de estar equivocado.

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