08-04-2020
No hace muchos días nos enseñaban en la tele lo impolutos que están quedando los cielos, cómo desaparecen de los mismos diversos gases contaminantes que provocan el efecto invernadero y el cambio del clima. En algunos vídeos vimos como el espacio sobre el norte de Italia se había limpiado durante las semanas de confinamiento transcurridas. ETB nos quiso mostrar cómo desaparecía la contaminación de nuestras ciudades, aunque sin recurrir a imágenes obtenidas por satélites como las de los vídeos del norte de Italia. ¿Nos querían mostrar las ventajas del encierro obligatorio?
Desde que comenzó el estado de alarma por el COVID-19 he pensado más de una vez (como seguro que lo ha hecho muchísima gente) en las posibles ventajas que la crisis nos podría proporcionar para que, por fin, optásemos como sociedad por un cambio de modelo económico. Un cambio de modelo que nos llevase a una sociedad justa, en la que las personas y una vida digna para todas ellas en un planeta habitable para desarrollarla, fuesen los objetivos. ¡Qué ingenuo! Quienes ponen el libre mercado por delante también ven ventajas, y aprovecharán sus oportunidades.
¿Es el Mercado (con mayúscula, como le corresponde a un dios que se reclama único) quien está esforzándose en atender a la población más necesitada ahora? El personal sanitario, el de limpieza, el del transporte de mercancías, el de enseñanza, las trabajadoras y trabajadores obligados a trabajar sin la protección adecuada, las personas que han puesto en marcha las redes de solidaridad…; son algunos de los colectivos que hacen posible la atención a quienes enferman, a quienes corren riesgo de hacerlo y a todas las personas que estamos confinadas en casa. ¿Qué hace el libre mercado?
La mayoría de la población no somos analistas, ni expertos en economía, ni tenemos habilidades para descubrir en cada información con la que nos bombardean desde los medios hegemónicos qué es información imparcial, y qué hay que tomar como propaganda o información subliminal de quien emite el mensaje. Pero hay cosas que es imposible ocultar por muy cocinado que esté el mensaje. Estos días nos llega la noticia de que se ha multiplicado el precio de mascarillas, guantes y geles desinfectantes; son elementos que continuamente nos aconsejan utilizar para protegernos contra el COVID-19. Nos dicen, y lo creemos porque tiene que ser así, que la prioridad, ahora, es combatir la pandemia. Destaco el ahora porque designa un momento concreto; pero las leyes del libre mercado se aplican siempre, y este adverbio abarca mucho más que ahora, porque lo lleva incluido. Para la especulación las personas no estamos en el centro.
Naomi Klein publicó en 2007 La doctrina del shock, cuando la fermentación de la masa que provocaría la crisis económica a escala mundial, ya estaba llegando a su punto adecuado. En el libro pone al descubierto cómo el capitalismo ha utilizado los momentos de crisis para introducir medidas de choque económico. No fueron pocos sus críticos, no en vano estaba desenmascarando la ideología hegemónica, que es la que más adeptos suele tener. Pero las consecuencias de la crisis que acabó estallando y afectándonos a todos, han demostrado que el libre mercado es enemigo de la mayoría. Solo los más ricos han incrementado su patrimonio; mientras el capital empresarial se multiplica, los salarios se reducen y la capacidad de reacción de la clase trabajadora se frena.
No podemos ser ingenuos. La salida de esta crisis solo nos será benévola si respondemos como clase, como clase trabajadora (o, si se prefiere el eufemismo, como clase asalariada) luchando por nuestros intereses de clase. Son muchas las dificultades; una, que buena parte de la clase trabajadora no quiere verse incluida en la que es su clase; o, al menos, no está dispuesta a aportar en la lucha necesaria.
A la pregunta: ¿Cómo podremos recuperarnos como individuos y como sociedad de todo esto?, Marina Garcés, doctora en filosofía, responde: “Recuperarnos es seguir viviendo sin reproducir lo que nos ha llevado hasta aquí. ¿Sabremos hacerlo? ¿O querremos olvidar de golpe todo lo que hemos sufrido? No debemos dramatizar, pero tampoco olvidar. Si no, no habremos aprendido nada”.
Creo que es necesario subrayar que recuperarnos es seguir viviendo sin reproducir lo que nos ha llevado hasta aquí.
Pero Garcés también dice que “el control social será uno de los grandes ganadores de la pandemia”. Y esto también será una dificultad, porque buena parte de quienes se postulan como controladores sociales desde balcones y ventanas pertenecen a la clase asalariada. Para ellos creo que sí es necesario el eufemismo.

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