viernes, 17 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (13)



17-04-2020


(La primera parte la comencé a escribir ayer por la mañana; 
no terminé por lo que sucedió mientras lo hacía)


Una noticia llamó ayer por la mañana mi atención; el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco se reafirmaba sobre las medidas cautelares, que a petición del sindicato ELA, había requerido a Osakidetza hacía más de diez días para que proveyese a su plantilla del material de protección necesario. Semana y media más tarde, y al parecer después de oír todas las alegaciones posibles, El TSJPV vuelve a hacer el mismo requerimiento al servicio de salud vasco. 

La noticia la leí en un medio que quizás para Jesús Loza (al que mencioné en este diario) no sea un medio serio, así que me fui a otro para contrastarla; y para confirmar todo fui al origen, a la página web de quien había presentado la “demanda de tutela de derechos fundamentales”. Creo que no me equivoco diciendo que el segundo medio a los que me refiero no es de los instalados en la confrontación como dice Koldo Mediavilla (PNV), ya que él escribe en el mismo (también le mencioné en este diario). El primero y el tercero, además, son de quienes defienden un cambio de modelo económico, razón por la que, para Koldo Mediavilla, no son de fiar.

Sin embargo, creo que el tratamiento de la noticia del medio “serio”[1] no es muy periodístico, no es imparcial. Prácticamente solo hace referencia a las alegaciones de Osakidetza; prácticamente les da el valor de prueba a su favor. Entonces, ¿por qué de nuevo el requerimiento?

“Estar informado exige esfuerzo”; más de una vez se lo he leído a Ignacio Ramonet, y en alguna ocasión he tenido el privilegio de escuchárselo personalmente. Me acordé de ello al mismo tiempo que pensaba: ¿Cómo de informado está quien lee esta noticia en ese medio serio que frecuenta Koldo Mediavilla?

Pero, aunque la mañana apenas había comenzado, abandoné aquellos pensamientos. Otra noticia que se acababa de producir atrajo mi atención: acababa de morir en accidente laboral un vecino de mi pueblo. A partir de entonces fueron otras las inquietudes y los sentimientos que ocuparon el día, lo siguen haciendo hoy, y lo seguirán haciendo en el futuro: rabia, impotencia, desprecio; deseos de gritar…

Rabia, porque otra vez ese modelo económico que a los instalados en la confrontación nos gustaría cambiar, se había cobrado una nueva vida, la de alguien de nuestra clase, la de una persona para la que no estaba destinado el beneficio que con su esfuerzo se producía.

Impotencia, porque después de muchos años y multitud de concentraciones, manifestaciones y huelgas para protestar contra esta lacra de la inseguridad laboral, se siguen produciendo accidentes graves y muertes. ¡Y NO PASA NADA!


Desprecio, por todas las personas que anteponen su beneficio y el de sus valedores al bienestar, la salud y la vida de trabajadoras y trabajadores. Desprecio por quienes nos desprecian con condescendencia.

Y ganas de gritar para desahogarme y no llegar al odio, porque creo que el odio y el rencor solo perjudican al que los siente. Si es justa la rabia, el odio y el rencor pueden inhabilitar para luchar con la serenidad suficiente contra la injusticia que la provoca, para luchar con el juicio e inteligencia necesarios que no condenen el combate a una derrota continuada, una derrota segura, aunque nunca definitiva.

¿Para qué pedir que las circunstancias se aclaren? ¿Para qué sirven las investigaciones que se ponen en marcha nada más producirse una muerte por accidente laboral? A menudo se traslada una supuesta solución a un horizonte impreciso, que más de una vez sirve para repartir responsabilidades entre quien sufre el accidente y quien tuvo la responsabilidad de garantizar las medidas de seguridad para que no se produjese.

Hay que denunciar con firmeza la desidia de quien teniendo la obligación de garantizar la salud y seguridad laboral da prioridad a los resultados económicos y a la productividad. Pero, ¿es suficiente? ¿No es ya hora de dar pasos mucho más decididos?




[1] Pongo el enlace por si alguien quiere contrastar. También necesito poner “serio” entre comillas, además de en cursiva, para que no se me entienda lo que no quiero decir.

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