La presión y la lucha dan resultados.
El miércoles se publicó una orden en el BOPV prohibiendo la venta de productos agrarios en mercados y ferias. Ayer, sábado, Lakua tuvo que ceder a la presión y permitir la apertura de los mercados en los que nuestros productores más cercanos venden sus productos.
La orden de la Consejera de Salud establecía “la suspensión temporal de la actividad de los mercados y ferias tradicionales de venta directa de alimentos y productos agrícolas y ganaderos”. La arbitrariedad de la medida era tan evidente que podría decirse que es un reflejo del autoritarismo del gobierno, de su soberbia y de la seguridad que la soberbia les da para creer que las protestas, de darse, serán fácilmente gestionables y superables. Era una medida arbitraria porque prohibía a un colectivo lo que no prohíbe a otros por hacer lo mismo; también lo era porque las condiciones que establecía para cuando se permitiese reiniciar la venta directa, eran mucho más estrictas y difíciles de cumplir para los baserritarrak que las que se exigen a los supermercados y otros comercios.
La respuesta no se dejó esperar. El desacuerdo y la protesta se hicieron presentes y virales; en unos cuantos municipios se mantuvieron los mercados, haciendo valer las competencias que los ayuntamientos tienen; multitud de personas propagaron por las redes sociales el enfado, la protesta y las contradicciones del Gobierno Vasco…
Y ayer, en una comparecencia de las consejeras de Salud y Seguridad, tuvieron que anunciar que el Gobierno Vasco retiraba la arbitraria prohibición.
Son llamativas las razones que dieron para justificar su retractación. He leído que dijeron que la orden se dio "en un contexto previo al periodo festivo del periodo de Semana Santa que coincidía con fuertes restricciones de movilidad"; y que "ahora las circunstancias cambian y el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes".
¿Qué tiene que ver el contexto previo al periodo festivo si la orden extendía sus efectos hasta varias semanas después de Semana Santa? ¿Qué circunstancias han cambiado cuando el miércoles se sabía que el estado de alarma no finalizará, al menos, en unas semanas? Cuando la consejera de Sanidad firmó la orden, ¿no sabía que “el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes"?
Lo que dice la orden no deja lugar a dudas: “La presente Orden (…) desplegará su vigencia y surtirá efectos desde el momento de su adopción y hasta la finalización del estado de alarma y en sus posibles prórrogas”. Nada que ver con la Semana Santa, nada que ver con la vuelta a la actividad no esencial. Para no reconocer un error, arbitrariedad o injusticia buscan argumentos que puedan tener apariencia de lógicos, pero no lo logran.
Los argumentos utilizados por las consejeras pueden explicar algunas cosas. Que todo esto, si se trata de un error, es solo un error de cálculo, que les ha hecho tomar la medida en un momento inadecuado, un momento en el que no esperaban una contestación tan rotunda. Que la retirada de la orden no es una retractación, sino solo un repliegue temporal, y que los intereses que la motivaron (y motivan otras órdenes, decretos, leyes, etc.) seguirán presionando para que su modelo económico siga avanzando, aunque para ello haya que dejar muertos en el camino.
No hay duda de que la reivindicación, la movilización y la lucha colectiva no solo son necesarias, son imprescindibles, tanto durante la vigencia del estado de alarma como después. Si la lucha no es colectiva una posible transición a un modelo económico justo y que no prescinda de nadie no será posible.
La orden de la Consejera de Salud establecía “la suspensión temporal de la actividad de los mercados y ferias tradicionales de venta directa de alimentos y productos agrícolas y ganaderos”. La arbitrariedad de la medida era tan evidente que podría decirse que es un reflejo del autoritarismo del gobierno, de su soberbia y de la seguridad que la soberbia les da para creer que las protestas, de darse, serán fácilmente gestionables y superables. Era una medida arbitraria porque prohibía a un colectivo lo que no prohíbe a otros por hacer lo mismo; también lo era porque las condiciones que establecía para cuando se permitiese reiniciar la venta directa, eran mucho más estrictas y difíciles de cumplir para los baserritarrak que las que se exigen a los supermercados y otros comercios.
La respuesta no se dejó esperar. El desacuerdo y la protesta se hicieron presentes y virales; en unos cuantos municipios se mantuvieron los mercados, haciendo valer las competencias que los ayuntamientos tienen; multitud de personas propagaron por las redes sociales el enfado, la protesta y las contradicciones del Gobierno Vasco…
Y ayer, en una comparecencia de las consejeras de Salud y Seguridad, tuvieron que anunciar que el Gobierno Vasco retiraba la arbitraria prohibición.
Son llamativas las razones que dieron para justificar su retractación. He leído que dijeron que la orden se dio "en un contexto previo al periodo festivo del periodo de Semana Santa que coincidía con fuertes restricciones de movilidad"; y que "ahora las circunstancias cambian y el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes".
¿Qué tiene que ver el contexto previo al periodo festivo si la orden extendía sus efectos hasta varias semanas después de Semana Santa? ¿Qué circunstancias han cambiado cuando el miércoles se sabía que el estado de alarma no finalizará, al menos, en unas semanas? Cuando la consejera de Sanidad firmó la orden, ¿no sabía que “el periodo de restricción de la actividad industrial no esencial deja de tener efectos a partir del lunes"?
Lo que dice la orden no deja lugar a dudas: “La presente Orden (…) desplegará su vigencia y surtirá efectos desde el momento de su adopción y hasta la finalización del estado de alarma y en sus posibles prórrogas”. Nada que ver con la Semana Santa, nada que ver con la vuelta a la actividad no esencial. Para no reconocer un error, arbitrariedad o injusticia buscan argumentos que puedan tener apariencia de lógicos, pero no lo logran.
Los argumentos utilizados por las consejeras pueden explicar algunas cosas. Que todo esto, si se trata de un error, es solo un error de cálculo, que les ha hecho tomar la medida en un momento inadecuado, un momento en el que no esperaban una contestación tan rotunda. Que la retirada de la orden no es una retractación, sino solo un repliegue temporal, y que los intereses que la motivaron (y motivan otras órdenes, decretos, leyes, etc.) seguirán presionando para que su modelo económico siga avanzando, aunque para ello haya que dejar muertos en el camino.
No hay duda de que la reivindicación, la movilización y la lucha colectiva no solo son necesarias, son imprescindibles, tanto durante la vigencia del estado de alarma como después. Si la lucha no es colectiva una posible transición a un modelo económico justo y que no prescinda de nadie no será posible.

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