viernes, 10 de abril de 2020

DIARIO DE UN ENCIERRO (11)


10-04-2020
El Gobierno Vasco puso el grito en el cielo cuando el Gobierno de Madrid decretó la paralización de toda actividad productiva no esencial; lo hizo por dos vías: con sus propias declaraciones y a través de las de CONFEBASK, que no suele necesitar exponerse públicamente contra el gobierno como lo hizo. El canal que mejor servicio les dio a ambos fue el controlado con desvergüenza por el PNV. Después los medios de comunicación ―y de nuevo y sobre todo EITB― nos han contado y querido hacernos creer una y otra vez, que la presión ejercida por el Lehendakari fue la que hizo recapacitar al gobierno central para que se permitiese mucha más actividad empresarial que la planteada por el gobierno de Madrid. Lo que no contaban era que, antes que Urkullu, el presidente asturiano ya había conseguido, “al parecer con el respaldo del Ministerio de Industria, reactivar los elementos fundamentales del tejido industrial de la región”.

Según denuncias sindicales y de trabajadoras y trabajadores muchas han sido las personas (en actividades cuya no suspensión exigía el Gobierno Vasco) que han tenido que acudir a su trabajo sin que se les hayan facilitado a tiempo los medios de protección necesarios. Ahora el Gobierno sí va a exigir lo que no ha exigido antes, pero no a todo el mundo. Anteayer publicó una orden que prohíbe temporalmente los mercados tradicionales de baserritarras, y que impone unas condiciones para cuando se levante el estado de alarma que no se imponen a otros mercados, establecimientos o supermercados que comercializan el mismo tipo de productos.

Esto es pura arbitrariedad. ¿Qué se esconde detrás de esto? ¿Qué intereses hay detrás? ¿A quién se quiere beneficiar? Cuando tienes delante una arbitrariedad tan evidente es inevitable hacerse preguntas de este tipo.

Yo creo que esto es solo una muestra de lo que nos puede esperar. Ya se está aprovechando esta crisis para apuntalar aún más un modelo económico que no pone ni las personas, ni los derechos sociales, ni el medio ambiente en el centro. Por eso, aun no siendo personalmente afectados por la orden que afecta a baserritarrak y consumidores, no podemos limitarnos al enfado; probablemente ya cuentan con él, porque saben que de ahí, del mero enfado (tan fugaz como lo que hoy suelen durar las noticias en los medios), no saldrá ninguna reacción.

Esto lo tenemos que tomar como un ATAQUE, un ataque malicioso, como todos los que hacen contra la mayoría que dicen representar. Son malvados porque, sabiendo que perjudican a mucha gente, presentan sus decisiones como si fueran necesarias para el bien de todos. Esto lo tenemos que ver como un ATAQUE, porque si solo lo vemos como algo vergonzoso y criticable no vamos a responder. Si nos atacan, respondemos; si no nos sentimos atacados, no lo haremos. ¡ESTO ES UN ATAQUE!

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