Un amigo envió ayer un resumen de artículos publicados en The Economist y en Der Spiegel. En el primero se describe la situación que sufre la economía más rica del mundo (EEUU) por el COVID19; el segundo tiene como tema el tratamiento que en Alemania están buscando para responder a las consecuencias que la pandemia nos dejará[1]. Diría que se tratan de las dos caras de una moneda a la que le falta el canto, que vendría a ser donde nos encontramos nosotros, o al menos donde la llamada clase media creemos que se encuentra la mayoría de las personas de nuestro país, aunque no sea cierto.
En el primero se destaca que para mantener a una población sana es necesario que la gente no propague la enfermedad, “pero también que busque tratamiento sin preocuparse por una deuda agobiante”. Pero en EEUU no se remuneran a todas las personas trabajadoras las bajas por enfermedad; solo el 20% de los trabajadores precarizados del sector servicios puede contar con ellas.
En el segundo se dice que Alemania se enfrenta a una gran intervención en la economía, y que podrá adquirir participaciones en grandes empresas; ya se han reservado para ello 100.000 millones de euros. En el resumen que mi amigo comparte se dice que se discute sobre las condiciones con las que debe participar el Estado: “Unos advierten sobre los riesgos de una nacionalización progresiva, mientras que otros exigen que el Gobierno federal desempeñe un papel activo en las empresas donde invierta”.
Dos artículos y dos escenarios; uno en el que el capitalismo ya ha conseguido la absoluta libertad económica, en la que el bienestar de las personas, las necesidades primarias y la propia vida dependen de la capacidad adquisitiva (de la capacidad adquisitiva que te permiten tener). Capitalismo, libertad económica, neoliberalismo, pero ¿se puede hablar de libertad cuando se dan desigualdades tan brutales?
El otro escenario se da donde el llamado estado de bienestar ya había empezado hace tiempo a ser limado. La discusión se puede dar ahora entre quienes no ven con muy malos ojos el sistema ultraliberal del gendarme mundial, y quienes apuestan más por un modelo económico diferente que deje de poner en manos privadas lo que debe y puede ser público.
¿Dónde nos situaremos nosotros? Mucho puede depender de la conciencia que gracias al COVID-19 hayamos tomado como sociedad sobre el valor de lo público y de los derechos sociales, si es que realmente la tomamos. ¿Va a ocurrir, o la mayoría de la sociedad se seguirá adhiriendo a la hegemonía cultural de las clases dominantes? Solo hay que prestar un poco de atención a los medios de comunicación hegemónicos para darse cuenta de que quienes avanzaban hacia el escenario más neoliberal posible, no solo están preparándose para cuando acabe el estado de alerta, ya han comenzado a definir, marcar y ocupar el terreno. Mejor dicho: no han comenzado, siguen haciéndolo con mas vigor que antes.
¿Ejemplos? No faltan: la presión a la que realmente ceden u obedecen los gobiernos (se definan del color que se definan); el clarísimo alineamiento del Gobierno Vasco con CONFEBASK y en contra de la clase trabajadora; la omnipresencia de un discurso militarista; el intento de utilizar esta crisis para rehabilitar la corona, la institución más antidemocrática del estado; el recorte unilateral de competencias; la retirada de financiación a las políticas activas de empleo para pagar las ayudas al paro por el coronavirus (o sea, quitar a la clase trabajadora las dirigidas a la población activa para decir que se ayuda a la clase trabajadora en paro)…
La crisis se puede transformar en oportunidad, dicen. Si no reaccionamos como clase la oportunidad no será nuestra.
[1] 2019.
PIB-EEUU: 19.139.884
millones de €. (1er. puesto). PIB-Estado
español: 1.244.757 millones de € (+/-14º puesto).
PIB per capita- EEUU: 58.469
€. PIB per capita- Estado español: 26.440 € (https://datosmacro.expansion.com/pib)

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